Sabemos lo que hacemos, dice Rajoy

Uno de los activos de España es su estabilidad política, que ahora se traduce en una rotunda mayoría absoluta del Partido Popular en las cámaras, reforzada con el Gobierno en once de las 17 autonomías. Una situación que deja en segundo plano la urgencia de pactos con las demás fuerzas políticas. Suárez necesitó los pactos en 1977, pero de entonces acá el problema no es pactar, la clave es gobernar y, sobre todo, tener un programa viable, verosímil.

Rajoy dice que sabe lo que hace y que necesita tiempo. Reclama un acto de fe pero no consigue el refuerzo de los hechos, porque hay objetivos no alcanzados que requieren explicaciones. Rajoy tendría que reforzar sus argumentos con algunas pruebas o con alguna rectificación. No vale más de lo mismo, porque está demostrado que no es suficiente, que no funciona.

El Gobierno no acaba de entender que llegó mal preparado, que sus expectativas se han frustrado, y que necesita otro guión. El argumento de la herencia está agotado y las propuestas superadas. La mayoría absoluta acrecienta la responsabilidad, porque no hay espacio para una crisis y un pacto amplio a la italiana, Rajoy tiene el poder y la responsabilidad, puede salir por la puerta grande o perecer como el peor presidente de la democracia. No hay término medio.

Cuando dice que sabe lo que hace, invita a la esperanza; pero el discurso no avanza más allá para acreditar lo anterior. Los empresarios le piden un pacto cuando lo que se necesita antes que nada es un buen diagnóstico y un tratamiento y las alternativas al mismo.

Rajoy dice, reformas, consolidación fiscal y Europa. Pero son palabras con contenido variable y equívoco. Las reformas van lentas, son cortas y tienen poca aceptación, incluso entre los afines. Y la consolidación fiscal está empezando, más despacio aun que las reformas. Los objetivos que proponen para la legislatura son tan decepcionantes, tan poco ambiciosos, que se convierten, por eso mismo, en inalcanzables.

Dice que sabe lo que hace, pero no acierta a explicarlo, no despierta emoción, no consigue credibilidad. A veces no es cuestión de dinero, sirve la convicción y de eso hay tan poco como de lo primero. Los de la Empresa Familiar agradecieron la visita de presidente a su asamblea, pero les dejó fríos… Y crecientemente inquietos.