Entre Madina y Amato

Felipe González fue elegido secretario general del PSOE cuando tenía 32 años y presidente del gobierno con 40. Hoy nadie diría que era un joven insuficientemente preparado o una improvisación para salir del paso. Es hijo de su tiempo y de sus circunstancias y tanto en 1974 (PSOE) como en 1982 (Gobierno) llegó para ocupar un vacío previo, el agotamiento de los anteriores, con muchas expectativas por delante.

José María Aznar alcanzó el liderazgo del PP, ungido por Fraga, en 1989, cumplidos los 36 años y alcanzó la presidencia del Gobierno el año 1996 con 43 años recién cumplidos. También llegó a esas responsabilidades como consecuencia del agotamiento de lo anterior. Y otro tanto sirve para José Luis Rodríguez Zapatero, secretario general del PSOE a los cuarenta y presidente del Gobierno a los 44.

De manera que hay un patrón repetido de políticos que llegan a la cúpula del partido con los treinta y tantos y a la cabeza del Gobierno con los 40 recién cumplidos. En otros países hay experiencias semejantes (Cameron), aunque tampoco faltan gentes con experiencia acumulada, que fueron ministros antes que presidentes (Merkel o Sarkozy) con carrera previa de obstáculos en sus respectivos partidos. Y tenemos el caso italiano, siempre peculiar y barroco, que pretende salir del laberinto con conductores que pasaron de largo la barrera de la jubilación. Napolitano ha cumplido 87 y el probable presidente del nuevo gobierno de gran coalición, el sutil Amato, va a cumplir 75.

En España el PSOE se debate entre una involución que puede llevarle a desparecer y una renovación que les lleva a buscar líderes con futuro y pocos antecedentes. Chacón respondía a ese patrón, copiaba a González, pero cayó en cuanto se expuso. Ahora el mirlo blanco (o el cisne negro) se llama Eduardo Madina, 37 años (entre Felipe y Zapatero) con veinte años de militancia activa en las juventudes y con los mayores, y nueve años (tres legislaturas) de diputado en Madrid.

No está claro que la candidatura de Madina vaya en serio, pero hay razones para pensar que será uno de los corredores para relevar a Rubalcaba. En Madina casi todo es futuro, aunque veinte años de militancia en el socialismo vasco no son poco relevantes. La otra democracia europea averiada, la italiana, en vez de mirar la nómina de los jóvenes, repasa las fichas de los antiguos, de la experiencia. Tras rogar a Napolitano que siga ejerciendo el papel moderador de presidente de la República con notable margen para componer equilibrios, van a confiar la cabeza de un gobierno de coalición (una experiencia nueva) a otro veterano que cumplirá 75 años en mayo, el “sutil” Giuliano Amato, que pudo ser presidente de la República o no ser nada.

Italia se entrega a la experiencia, a la parte menos averiada de “la casta”, mientras que en España siguen en la reserva la generación de la transición y las dos siguientes. Alfonso Guerra (72 años cumplidos) es el decano del Congreso por edad y permanencia y García-Margallo (68) es el de más edad en el Gobierno y, probablemente, el más veterano en la política activa.

Italia aprecia la experiencia y se confía a políticos con recorrido. Aquí prefieren hacerlo en personas con más potencial que bagaje; con más mérito por acreditar que acumulados. Una buena mezcla podía mejorar el resultado final.

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