Degeneraciones desalentadoras: de Oriol Pujol a TVE

Atribuyen a Belmonte que cuando le preguntaron cómo es que un antiguo banderillero suyo había llegado a gobernador civil de Huelva contestó lacónico y tajante, “degenerando”. No está claro lo que el maestro pretendía decir, ni siquiera si le gustaba el gobernador, pero la frase quedó para la historia y el relato. ¿Cómo es que nos pasa lo que nos pasa?… pues degenerando, el diagnóstico de Belmonte que sirve al momento.

Degenerando, el segundo Pujol en la gran política llegó a un juzgado a explicar su implicación en una trama para obtener beneficiosas concesiones públicas con el argumento de que su intervención respondía “al interés público general y del país”. Como el imputado ha tenido mucho tiempo para preparar sus respuestas y explicaciones la frase de marras no es fruto de improvisación sino que forma parte de la estrategia exculpatoria. ¡Hay que tener cara y poca vergüenza para imaginar que los ciudadanos pueden entender semejante explicación! Si el diputado Oriol Pujol no tiene explicaciones más consistentes el sustantivo “presunto” hay que pronunciarlo con gesto de sarcasmo.

Que ante una situación de imputación con mala pinta, el presunto se presente secundado por la plana mayor del partido, colaboradores cercanos a los que ha cedido las competencias para disimular, supone una arrogancia teñida de temor, y un gesto para amedrentar a quien tiene que juzgar. La negación de las evidencias, la huida de cualquier responsabilidad o reconocimiento de error por parte de dirigentes de partidos de poder son indicativo de esa “degeneración” a la que aludía Juan Belmonte. Los precedentes que afectan a los demás partidos, a Unió, al PP, al PSOE… son igual de desalentadores. No tienen ninguna gana de rectificar, de arrepentimiento, ninguna voluntad para desalentar la corrupción.

Un caso menor en este sentido es el que ha afectado a los informativos de TVE con el informe elaborado por una directiva con calificaciones ideológicas descalificadoras de sus compañeros, enviado a quien no quería. Una mala práctica profesional que ha aconsejado la inmediata destitución del cargo, aunque sin despido. Lo peor del caso es que la protagonista del caso dice que no es la autora del correo y asume la dimisión para no perjudicar a los demás. Si no es la autora como admite la revocación; y si es autora ¿cómo no es despedida? RTVE camina hacia la irrelevancia, pierde décimas de audiencia por meses y credibilidad por semanas. Aparte del desdén por una falta de ética elemental y básica, que es lo más grave, queda el argumento del pragmatismo; al Gobierno no le servirá una televisión irrelevante (como ocurre en TeleMadrid) y optará por abandonar la aventura y reducir los subsidios a semejante irrelevancia.

Solo puede durar una televisión pública de calidad, defendida por su prestigio ante los ciudadanos y el respeto de sus empleados. El “tacticismo” de servir intereses inmediatos de la propaganda carece de recorrido a medio y largo plazo, pero hay personas a las que ese horizonte temporal les importa una higa. RTVE podía ser una institución con maneras de BBC pero tiende a parecerse a TeleMadrid, caminando hacia la irrelevancia y la desvergüenza. Degenerando, degenerando…

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