El estéril e inútil debate de las décimas

No hay preocupación más importante en España que el empleo, parar la sangría de despidos y recuperar la contratación debería ser el objetivo central, medular de toda la acción política y social. Sin embargo el debate económico y político se inunda de porcentajes decimales sobre el PIB y el déficit, que son instrumentales, referencias importantes pero adjetivas. Los economistas del FMI, tras discutir las cifras con los oficiales del Gobierno español, dicen que la economía española irá este año y el próximo algo peor de lo que aspira el Gobierno; unas décimas peor. Pasados unos meses unos y otros, el Gobierno y los organismos internacionales pueden cambiar sus previsiones con una de esas explicaciones que sirven para lo mismo y lo contrario. ¿Y qué? ¿Qué más dan unas décimas más o menos escritas en una estimación más o menos voluntariosas?

El Gobierno se abrazó al ajuste presupuestario como prueba de sangre frente a los colegas europeos, sacralizando el déficit presupuestario a una cifra móvil sensiblemente inferior a la del trienio anterior que alcanzó una media del 10% del PIB. El mensaje a la sociedad española fue que rebajando el déficit volvería la prosperidad. El déficit ha bajado poco, incluso nada si las cuentas se formulan con rigor contable, pero el ajuste ha sido duro en la percepción de los ciudadanos, crecientemente irritados y desesperanzados.

Las previsiones de primavera del FMI son una de las referencias técnicas más atendidas y no son buenas para Europa, ni tampoco para España. Unos días antes el dictamen de la Comisión Europea sobre la economía española viene con recomendaciones o exigencias poco amables y el gobierno español tiene que enviar en breve, en mayo, la actualización del “Programa de Estabilidad” con horizonte 2015 y la revisión del “Programa de Reformas” que han llamado “reformas 2.0″ aunque puede que quede en recordatorio de lo que está pendiente del “reformas 1.0″, en resumen unos parches al programa inicial.

El ministro Montoro anda a puñetazos con las décimas. Un día dice que son irrelevantes, cuando le enmienda la Oficina Estadística de Bruselas, y otro las pone en valor para ameritar su labor. La pelea de las décimas es tan agotadora como inútil, el papel lo aguanta todo. Lo que no aguanta la sociedad española es más paro y más desesperanza. Para acercarse a los ciudadanos un par de ministros y los de la propaganda del partido se van a hacer el aperitivo el sábado a un establecimiento público de moda. Los clásicos del cómic exclamarían: “están locos estos romanos…” sustituyendo romanos por calificativos menos amables.

El debate político y social, con la crisis económica al fondo, tiene que subir de nivel y de intensidad. Del Informe del FMI lo inquietante es que la creación de empleo se aplaza más allá de las convocatorias electorales próximas. A falta de otro argumento ese puede ser suficiente para alertar a los inquilinos de la Moncloa que siguen con la misma estrategia, culpar a los anteriores y apelar a los socios europeos para superar la crisis. Y entretanto a palos con las décimas. Y Draghi advierte que a él no le toca hacer todo el trabajo.

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