Pasó el debate…y nada hubo

La tesis oficial es que Rajoy ganó el debate por goleada, los aplausos finales de los suyos daban sensación de alivio, no deben tener las conciencias tranquilas cuando0 afrontaron la prueba con tanta inquietud. La frase más brillante de la sesión (preparada, por supuesto) fue cuando Rajoy le dijo a Rubalcaba. “no pido su dimisión, a mí no me interesa su dimisión”, desdén calculado que pretende perdonar la vida al vencido. Y no falta razón Rubalcaba entró perdedor desde antes de empezar el debate, nadie hizo el menor caso a lo que dijo que no ha merecido reseña en ningún medio.

Por eso mismo la lectura de un presidente del Gobierno dominador y triunfante es tan apresurada como errónea. Lo que rebela la encuesta del CIS, 1.600 entrevistas después del debate, es desolador para todos; indica desafección y rechazo sin precedentes; ni el agónico fin de la cuarta legislatura de Felipe González registró tanta decepción de los ciudadanos. Los escándalos de aquellos meses quedan cortos ahora, entonces la oposición de Aznar suponía una esperanza de regeneración; ahora oposición y Gobierno forman parte de lo mismo. El 86% de los encuestados deploran los recíprocos reproches que ocuparon buena parte del debate. Un disco rayado, que aburre.

Rajoy ganó por 27 puntos dice algún titular. En realidad el 35% de los encuestados que siguieron el debate dan ganador a Rajoy, frente al 8% escaso que señalan a Rubalcaba. Pero el 40% dice que ninguno ganó y el 13% no quiere opinar. Así que perdieron los dos. Los ciudadanos están interesados por la política, inquietos; el 74% sabía que había un debate, la mitad atendió el debate (76% por la TV, 40% por radio, 38% por los diarios y 31% por internet) y la mayoría desaprueba a los protagonistas y consideran que no atienden a los problemas reales de los ciudadanos.

Las medidas anunciadas por el presidente del Gobierno, buena parte concretadas en el consejo de ministros del viernes, producen indiferencia. La mayor parte estaban anunciadas antes. Lo más inquietante es que el Gobierno está sin libreto, Rajoy navega en un discurso que va del ajuste al crecimiento evitando cualquier autocrítica o rectificación. Cuando anunció que el déficit del 2012 estará en el 7% los suyos aplaudieron como si se tratara de la grada de un programa de TV con público dirigido por un regidor. Si fuera cierta esa cifra no es para aplaudir, incumple todos los objetivos previstos, los iniciales, los rectificados y los negociados con los socios europeos. Es cierto que el incumplimiento es generalizado en todo el área euro, pero el cuadro macro español es de los más preocupantes y los márgenes de maniobra se han estrechado.

Rajoy sostuvo a lo largo de todas sus intervenciones que se ha salvado lo peor, sostuvo que el ajuste del déficit, el saneamiento del sistema financiero y las reformas estructurales (tres de las patas de la política oficial) van bien; pero se trata de un juicio demasiado benévolo, que las previsiones publicadas por la Comisión Europea el viernes han convertido en papel mojado.

Debate fracasado, incapacidad para movilizar a los ciudadanos para salir de la crisis económica y bloqueo político por las investigaciones judiciales en curso que afectan a todos los partidos con poder y a otras instituciones fundamentales del Estado. Pretender que alguien ganó el debate son ganas de vender aire. Pasó el debate y solo quedó la misma decepción o más.

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