Pere Navarro rompe un tabú

Las razones por las que el secretario general del PSC Pere Navarro dijo lo que piensa sobre el relevo en la Zarzuela solo las debe saber él mismo. No parece que lo hubiera consultado, ni que detrás de su propuesta haya alguna estrategia o interés oculto. Quizá tampoco lo tenía muy pensado. Se ha llevado todo tipo de descalificaciones, dentro y fuera de su propio partido, aunque por bajinis hay coincidencia en que el comentario de Navarro fue correcto, educado, libre y sincero.

Uno de los argumentos para refutar a Navarro es que no era el día, ni la semana ni el momento para semejante asunto. Bastantes problemas urgentes tiene España como para introducir ahora este. Sin embargo hay un aspecto que debe quedar claro: aludir al rey, debatir su papel y función forma parte de los derechos ciudadanos. No hay pacto para dejar la corona en el limbo para la opinión y la crítica. De hecho el Rey está sometido a crítica y arrastra además la que atrae su familia, que salvo en el caso de la reina y del heredero reconocido no forman del perímetro constitucional.

La Constitución dedica diez artículos a la Corona que son insuficientes, porque hay lagunas cada vez más evidentes. Una de ellas es la prelación del hombre sobre la mujer establecida en el punto primero del artículo 57, por expresa petición en su día del Rey a los constituyentes. Aquello fue una anomalía que debería haberse corregido hace tiempo. También es un problema la ausencia de una ley orgánica de desarrollo del estatuto de la Corona, una ley que requiere habilidad política, sentido común e inteligencia. Pero sería mejor disponer de esa ley que no tenerla.

La propia Constitución, artículo 57.5 alude a la hipótesis de: “Las abdicaciones y renuncias y cualquier duda de hecho y de derecho que ocurra en el orden de sucesión a la Corona se resolverán por una ley orgánica”. Y a renglón seguido el 59.2 señala “Si el Rey se inhabilitara para el ejercicio de su autoridad y la imposibilidad fuera reconocida por las Cortes Generales, entrará a ejercer inmediatamente la Regencia el Príncipe heredero… La Regencia se ejercerá por mandato constitucional y siempre en nombre del rey”.

Pero al margen de una abdicación, renuncia o inhabilidad, la biología y la demografía, el envejecimiento y la modernidad recomiendan organizar los relevos. La idea de que los Papas y los Reyes duran hasta que mueren no es sostenible el siglo XXI. A las personas con responsabilidades de primer nivel hay que respetarles la libertad de gestionar su salida, pero también prevenir que no extiendan su mandato más allá de sus fuerzas.

La jefatura del estado requiere alerta, reflejos, sensibilidad, dedicación, exposición pública, riesgo de crítica y mucha más vigilia de lo que parece. Un hecho cierto es que el Príncipe heredero es una persona capaz, al tanto, prudente y preparado.

Nunca es el momento adecuado para plantear este tipo de problemas, ni siquiera es recomendable abrir el melón. Por eso sirve aquello de que la mejor solución es la que evita el problema antes de que aparezca. El Rey ha desempañado sus responsabilidades con acierto sobresaliente; tiene que organizar bien la salida y tiene varios ejemplos para ponderar lo que puede ser más correcto; para él mismo y, sobre todo, para España.

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