Santo Mariano, ruega por nosotros

Primer debate sobre el “estado de España” de la era Rajoy, macheado con otro debate preceptivo sobre la cumbre europea para hacer un dos por uno, muy al uso en los supermercados. Rajoy es un parlamentario experimentado que ha actuado en la Cámara a favor y en contra de todo tipo de argumentos. Es un rodador del debate parlamento, suficiente sin llegar a brillante. Soy lector de discurso, deslumbrado por los de Obama, pero solo recuerdo alguno de Rajoy (uno en Sevilla ante el partido) que me llamara la atención. Por eso espero poco del de esta mañana y de las posteriores réplicas. En resumen, no espero nada de este debate, solo que no incremente la decepción.

Los primeros catorce meses de Rajoy han sido intensos; poco más de un año para una legislatura que ya parece agotada para todos, para el Gobierno y para la oposición. Lo peor de la actual tesitura es quizá la ausencia de alternativa en el arco parlamentario y al agotamiento de los dos partidos turnantes con fatal remedo del fracaso de la restauración protagonizada por liberales y conservadores hace un siglo. Entonces, como hace veinte años en Italia, los partidos del turno estallaron por los aires para alumbrar nuevas formaciones políticas de mayor o menor espectro, con semilla para reventar el sistema.

En muchos sectores de la llamada sociedad civil (concepto que hay que coger con pinzas) hay un sentimiento creciente de agotamiento, incluso cierta movilización para tratar de aportar ideas; menudean los círculos, clubes, sociedades, fundaciones… que tratan de estimular debates, propuestas y regeneración, sin que nadie haya llegado a encabezar un proyecto consistente, más allá de que hace falta reformar a fondo y que el modelo actual no sirve.

El Partido Popular parecía un ejemplo de solidez hace poco más de año, con mayoría absoluta en el gobierno central y en la mayoría de los autonómicos y locales, con un maquinaria burocrática en todas las ciudades y 800.000 militantes (una buena parte colocados por ello) que, por cierto, aportan una cuotas miserables a su partido. En pocos meses la fortaleza se ha debilitado por el desorden contable que puede ser algo mucho peor, “maldición bíblica” ha apuntado el Ministro de Exteriores con innecesaria imprudencia.

En medio de todo el lío el presidente del partido, que debe tener todos los poderes legales y efectivos del mismo, además de ser casi el decano de la casa en militancia y cargo, aparece como niño de primera comunión, blanco e impoluto en medio de toda la tormenta. Cuantos acusan de irregularidades en el PP acompañan las denuncias con declaraciones de que Rajoy es una persona limpia, seria y al margen de toda sospecha. En resumen San Mariano, al que se podría añadir “virgen y mártir” en medio de tierra pecadora.

El Santo Mariano que esta mañana tiene que hablar en el Congreso en sesión solemne, dispone de indudable poder para dar un puñetazo en la mesa y dar un sesgo decisivo a la decepción nacional. Si lo es, si es ajeno a la escandalera del partido (y ajena, porque hay otros partidos tan pringados o más que los populares) tiene el deber de rogar y actuar por todos los españoles, de encabezar la regeneración. Es el turno del Santo Mariano, limpio y distante, pero presente en medio de todo el revuelo y con capacidad para hacer punto y aparte. Ruega por todos, Santo Mariano, coge el látigo y expulsa a los mercaderes del templo de la política.

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