¿Cuánto más resiste este país?

Que había sobresueldos en el PP era algo de lo que se hablaba desde hace tiempo más allá de los círculos de iniciados. Que alguien señaló hace unos pocos años (muy pocos) que había que acabar con esas prácticas, también. Y alguien advirtió que algún día eso estallaría en las peores circunstancia; era el pronóstico de los pesimistas (optimistas bien informados). El PP podía haber dirigido el proceso de clarificación de malas prácticas pasadas con una estrategia decente y sincera de profundizar la democracia, de llevarla a los partidos, empezando por el propio, y de practicar la transparencia que reclaman a los demás.

Pero decidieron no hacerlo, optaron por negar hasta las evidencias. Las experiencias anteriores invitaban a confiar en que no pasa nada. El caso Naseiro se agotó en los tribunales con triquiñuelas; los Gürtel y sus hermanos en otras comunidades se han ido dilatando y cociendo a fuego lento, con la distancia suficiente como para que los daños se acotaran al grupo de los pillados con las manos en la masa.

Uno de esos memos que ocupan puestos relevantes en el PP y opinan en su nombre decía ante las cámaras hace pocos días: mi partido nunca ha tenido financiación ilegal. Me sorprendió que ninguno de los presentes le llamara la atención por pretencioso. Decir eso con las evidencias existentes es insultar a los ciudadanos.

Las hojas contables que hoy desvela El País, son en su propia simpleza bombas atómicas. El PP ha decidido negar, subalternos del partido aparecen en todas las televisiones esta mañana declarando que no es cierto. ¿Qué sabrán ellos?

El problema es como sigue esto, la tentación de que sea un mal sueño, una tormenta de verano, es tan atractiva como peligrosa. La acumulación de humo es tan intensa que no es posible que no haya incendio. Y además andan en danza otras instituciones desde la Casa Real a la Fundación Ideas, con casos que evidencian descontrol, falta de respeto al dinero, ligereza, abuso, déficit de transparencia, irresponsabilidad… en resumen hechos que invalidan a quienes los protagonizan o toleran para representar a los ciudadanos y para la gestión pública o privada.

La acumulación de chapuzas, abusos, ocultaciones, mentiras (uno de los pecados capitales en las democracia maduras que inhabilitan a los mentirosos sin necesidad de sentencias judiciales) es de tal calibre que hay que empezar a pensar que esto no aguanta, que España (incluida Cataluña) necesita una refundación urgente con nuevos protagonistas que devuelvan la confianza a los ciudadanos.

Hace ochenta años un partido con muchos votos y escaños, que estaba en el poder, el Radical de Alejandro Lerroux, se disolvió por un escándalo de corrupción, el llamado caso del estraperlo, que comparado con lo actual era asunto menor. Hace tres décadas el Partido Socialista Italiano desapareció con estrépito por escándalos que se parecen a los actuales. ¿Puede ocurrir algo semejante en la España actual? Si siguen la estrategia de negación y ocultación lo tienen merecido.

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