Arbitraje para las preferentes y vigilancia posterior

Los dos grandes partidos han pactado en el Parlamento un procedimiento para dar salida a los atrapados en preferentes y para prevenir en el futuro situaciones semejantes. Por un lado parece que van a alumbrar una comisión de vigilancia de ese tipo de productos para proteger al ahorrador, para evitar sorpresas. Sigue, en parte, las propuestas de la reforma financiera americana que ha creado una Comisión de defensa del consumidor de productos financieros. Por otro tratan de buscar una salida a esas decenas de miles de personas que han perdido buena parte de su inversión y que sostienen que fueron sorprendidos en su buena fe, que les dieron preferentes cuando imaginaron que eran depósitos a plazo.

El acuerdo supone habilitar un sistema de arbitraje en el intervendrán la CNMV, el Banco de España y las direcciones de Consumo. Los árbitros determinarán si el perfil del inversor en preferentes fue engañado y debe recuperar su dinero. Difícil tarea la de trazar la raya entre ahorradores engañados e inversores equivocados aunque informados.

¿Quién va a correr con el gasto? En principio parece que será el Estado quien asuma esa factura cargándola como mayor coste de la crisis financiera, que no iba a costar un euro pero que ya lleva varias decenas de miles de millones con pocas posibilidades de recuperación, ni siquiera a largo plazo. Otra cuestión es que la Comisión Europea, Almunia en concreto, tiene que bendecir esa operación que forma parte de los compromisos asumidos por España para recibir los 40.000 millones de crédito.

Y finalmente está el problema que abre el reconocimiento de que los ahorradores fueron engañados o timados. Eso significa que alguien lo hizo, ¿la propia entidad colocadora?, ¿el empleado que vendió el producto?, ¿el que firmó la póliza? Estaríamos en un caso de venta engañosa que merece investigación y que tiene interesada a la Fiscalía que ha reclamado información a las autoridades financieras, empezando por el Banco de España.

El acuerdo parlamentario entre los dos grupos grandes ha disgustado a los demás, que están dispuestos a sumarse al pacto (hay votos al fondo), aunque hay tiempo y espacio parlamentario para concretar ese acuerdo en disposiciones bien diseñadas que vayan más allá de un acuerdo oportuno y oportunista.

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