La Fundación Ideas un síntoma, malo, malo…

El caso de la fantasmal Amy Martin puede ser hasta divertido, pero los efectos actúan como prueba del algodón o evidencia de una actividad política deplorable con inepcia flagrante y déficit de sensibilidad. El secretario general del PSOE y presidente de la Fundación Ideas dice que reestructurará Ideas. Y el vicepresidente ejecutivo, responsable directo del día a día, apostilla que no piensa dimitir y que no es su firma la que aparece en el contrato con ese fantasma (Amy Martin) que les ha tomado el pelo.

Le evidente es que en esa Fundación los controles son escasos y que los contratos (al menos hay contratos) se firman con liberalidad, precios desmedidos y con lago de tráfico de influencias por parte del esa curiosa familia del exdirector Carlos Mulas y el fantasma. Lo que está claro es que el patronato de la Fundación no se entera; y quien tiene la responsabilidad ejecutiva, el señor Caldera, tampoco. ¿Se puede confiar en gente tan poco responsable?

Llama la atención que en web de la Fundación no aparezca ni una Memoria de Actividades de cada ejercicio ni unas cuentas, ni siquiera abreviadas, firmadas, auditadas y razonablemente formuladas. Los gestores de la Fundación le han hecho un boquete al PSOE y a su secretario general que, aunque sin facultades ejecutivas, es responsable de la entidad con deber de saber lo que ocurre dentro, visar las cuentas y hacer preguntas.

La Fundación hermana del otro lado, la FAES que preside José María Aznar puede presumir de información pública (página web) con memorias, cuentas y auditorías, que acreditan un mínimo respeto a los interesados y los contribuyentes. FAES, como Ideas, viven básicamente de las subvenciones del Estado y están obligadas como beneficiarias de subvenciones a presentar cuentas e incluso a ser auditadas por la Intervención de Hacienda que puede obligarles a restituir dinero si el uso del mismo no es apropiado.

Alguien debería haber enviado ya a los interventores para elevar el correspondiente Informe sobre el uso de esos recursos y el cumplimiento de los fines de la Fundación. Más aun, el propio POSOE con Rubalcaba a la cabeza, deberían apresurarse para dar explicaciones detalladas de actividades, presupuestos y criterios de gestión, al menos para acreditar que son una entidad que merece la calificación de “utilidad pública”, para disfrutar de beneficios fiscales y presupuestarios.

Por vergüenza torera el propio Caldera y el gerente Cornide deberían haber dimitido para ser sustituidos por gentes más diligentes y respetuosas con el dinero ajeno. Despedir al director era lo obvio, pero solo es el aperitivo del caso, porque los fallos de control y de vigilancia son tan flagrantes como los del señor Mulas, un caradura que tuvo vuelo porque nadie le cortó las alas a tiempo; cuando falla la vigilancia se abre la puerta al abuso, del que es responsable quien abusa y quien consiente, por interés o por negligencia.

fgu@apmadrid.es