Montoro aclara poco

Tan decepcionante es la inepcia del portavoz de Hacienda del primer partido de la oposición, el diputado Saura, como la presuntuosa autoestima del ministro de Hacienda. Dos gallitos de bajo vuelo que montaron una trifulca bochornosa e inútil en el Congreso para arruinar una sesión de la que mejor librados los portavoces de los demás partidos que tuvieron intervenciones razonables y bien articuladas, con la excepción del siempre hiriente portavoz de ERC que llegó más lejos en el estilo faltón del ministro. La sesión sirvió solo para acentuar la decepción y desencanto.

En realidad la agenda era tramposilla, aparentemente se trataba de clarificar la posición del anterior tesorero del PP con el fisco, pero en realidad era para que el ministro defendiera la regularización (amnistía fiscal) que buscaba recaudar 2.500 millones de euros, pero se ha quedado en la mitad. Para disimular el ministro reitera que se han aflorado bases imponibles por valor de 40.000 millones (o más) pero sin detalles sobre lo que significa ya que no cuadran esas bases con la cuota recaudada.

Si esos 40.000 millones pasan del negro al blando estamos ante una noticia relevante, que debería producir un espectacular aumento de los ingresos tributario del 2013. Simplemente aplicando el tipo medio del IRPF o de Sociedades a semejante base adicional el resultado sería, como mínimo, unos 5.000 millones de euros; aunque cabe pensar que esa base tendría un tipo impositivo más cerca del marginal que del medio ya que se trata de contribuyentes del segmento alto, por tanto con tipos medio cercanos al 30/40%.

De Bárcenas, que era el factor precipitante de la sesión el ministro dijo poco, marcó distancias (no es del PP desde el 2009) olvidando la presencia del susodicho en la sede del partido. La estrategia del Gobierno y del PP es, de momento, sigue siendo ganar tiempo, dejar pasar, meter en el paquete de irregularidades a la oposición, señalar el carácter insidioso de los medios, y dejar que el tiempo vaya cicatrizando, como viene siendo habitual.

Mientras tanto crecen los datos irritantes. Por ejemplo las cuentas de los partidos, las oficiales son misteriosas, no aparecen en sus páginas web, tan llenas de propaganda como carentes de datos. El ministro se felicita a sí mismo por la recaudación (en ningún país del mundo han hecho tanto) en un momento de recesión, pero olvida que es el campeón de la subida de impuestos, estrategia que en opinión de no pocos expertos (los del FMI, desde fechas recientes encabezados por su economista jefe, el profesor Blanchard) contribuye a acentuar la recesión y complicar la recaudación.

El ministro es peculiar en su retórica y argumentos; asombroso en la seguridad que pretende trasmitir, pero con dudosa capacidad de convicción. En resumen una sesión decepcionante.

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