Rajoy, un año después, ni empleo ni diálogo

Rajoy no admite lecciones de sus adversarios; al año de su llegada al poder alienta a sus correligionarios y reitera que no se ha quedado con los brazos cruzados, que lo ha intentado. Pepe Oneto reflejó ayer un primer balance de este primer año Rajoy; mañana cumple un año el discurso de investidura cuya relectura es poco alentadora. Aquel fue un discurso cortante, de frases cortas, compromiso, para trasmitir seguridad. El presidente decía que sabía lo que debía hacer, que no perdería el tiempo con reproches al pasado, que las cosas iban mal, pero que tenía soluciones.

El tiempo maltrata el discurso. Los dos compromisos eran “crear empleo” “diálogo con los demás”. Un año después se han perdido más de otro medio millón los empleos (la cifra de 6 millones de parados está en puertas) y de diálogo, nada de nada; el Gobierno no ha ganado un aliado, ni en el Parlamento ni en la calle. El único consuelo para los más tolerantes con Rajoy es que Zapatero ya no está. Pobre consuelo.

De los compromisos o líneas rojas expuestas y reconocidas por Rajoy apenas queda una por superar. Durante la investidura reiteró que bajaría impuestos, pero el Gobierno puede aspirar al título de campeón en subida de impuestos, por delante del tripartito catalán y de los socialistas de Felipe González. Este Gobierno iba a defender la capacidad adquisitiva de las pensiones hasta el último aliento y va a ser el que más las ha perjudicado. Y así sucesivamente.

Todas esas medidas que ha tomado el Gobierno a disgusto tienen una explicación, pero nadie se ha esmerado en darla; nadie ha reconocido un error de juicio o de cálculo. Escuchan poco, explican menos, y van siempre por detrás de los acontecimientos. Algunas de las decisiones más importantes han sido impuestas por los socios europeos, aunque el discurso de investidura acababa con la invocación a restaurar el poder de España en el mundo. Un año después la pérdida de soberanía ha dado varios pasos adelante.

Ya no es tiempo de reproches a la herencia recibida, que era mala, la del peor Gobierno que ha tenido España hasta la fecha (el actual hace méritos para ganar ese título); la responsabilidad del gobierno Rajoy es plena, goza de poder parlamentario y regional como ningún otro gobierno, y ha adoptado muchas medidas de todo tipo con efectos modestos, eficacia discutible, y torpezas manifiestas. La gestión de la crisis financiera, a pesar del auxilio de los socios europeos, está siendo penosa; la estrategia energética, lamentable. Y lo que es más inquietante la credibilidad del Gobierno está bajo mínimos, peor que la cualquiera de los gobiernos anteriores. Entretanto Rajoy espera, pide calma, dice que a fin de año todo irá mejor, que no va a cambiar el equipo que le rodea…

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