Artur Mas y el viraje hacia el PP

Artur Mas no dimitió ante sus colegas de partido la noche del domingo; tan grande era su asombro que no era capaz ni siquiera de dimitir; tan descolgado ha quedado como estratega de la política que sus compañeros de partido y de coalición no se han planteado aun el relevo, aunque el líder está averiado y sin futuro. Solo le queda gestionar la salida de la crisis que él mismo ha provocado. Eso sí con la complicidad de todos los demás, lo cual significa que no hay oposición interna con legitimidad para pedir cuentas. El factor clave ahora es tiempo, dejar madurar y esperar movimientos. La manifestación del 11 de septiembre arrolló a todos, tan distantes están de las bases que cuando éstas se manifiestan no es fácil interpretar lo que dicen, y ese día los manifestantes dijeron muchas cosas y no necesariamente las mismas.

El debate a tres (CiU, PSC y PP) en 8TV (la televisión barcelonesa de La Vanguardia) apenas trascendió fuera de Cataluña, e incluso dentro. Fue importante en si mismo, porque el debate pasó el filtro de la Junta Electoral y deja abierta la posibilidad de que las televisiones privadas organicen debates electorales sin someterse a proporcionalidad, acogiéndose al criterio del interés, que es lo importante en periodismo y en democracias decentes. En ese debate Artur Mar reconoció ante Sánchez Camacho que una oferta de Rajoy sobre el pacto fiscal hubiera evitado las elecciones y todo lo precedente y posterior.

El sentimiento en el CiU y en el gobierno Rajoy es que todos han ido demasiado lejos y que hay que darse tiempo y buen hacer para volver a las posiciones iniciales. Tal y como están las cosas el gobierno más pragmático para Cataluña sería uno de CiU con apoyo efectivo del gobierno de Madrid y discreto del PP catalán. Pero para eso no hacían falta nuevas elecciones que solo han complicado la vida a todos.

CiU (Pujol) gobernó con ERC el año 1980, cuando superó al PSC de Raventós que entró ganador a aquellas primeras elecciones y salió perdedor para un cuarto de siglo. Pujol ofreció dos carteras a ERC y la presidencia del Parlamento y a las siguientes elecciones CiU obtuvo mayoría absoluta (que repitió tres veces más) y ERC se quedó en cinco diputados. Los actuales dirigentes de ERC ya no son los de 1980 pero no han olvidado aquella experiencia y no están por el abrazo con los hermanos nacionalistas en el mismo gobierno. Prefieren influir sin arriesgar.

Por lo mismo CiU no está dispuesta a ser rehén de ERC corriendo con todo el gasto, de manera que se abre una fase compleja, de disimulos y ambigüedades, para ir configurando otro escenario político digerible para todos. Y para esa travesía el gobierno español dispone de muchas bazas. Mas necesita a Rajoy para poder gestionar la crisis, porque solo una recuperación económica matizará el malestar ciudadano y ampliará la agenda política. Y Rajoy tiene una oportunidad para serenar a CiU para otros veinte años.

A Mas le toca organizar su nuevo gobierno, más débil que el anterior, y proponer sin demora un presupuesto para el 2013 con ajustes adicionales a los ya realizados. No debe extrañarle que nadie quiera sumarse a ese gobierno con ese horizonte, su habilidad ahora es conducir en un laberinto con niebla espesa.

fgu@apmadrid.es