El largo viaje de Artur Mas al mismo sitio

“El Mundo” ha mordido carne como ese informe policial que nadie identifica pero que revuelve el oasis y saca a la superficie lo que andaba sepultado por el fondo. La defensa de los señalados envolviéndose en la bandera nacional puede proporcionarles algún rédito político inmediato, algún disimulo, pero hay explicaciones pendientes y procedimientos de defensa más creíbles que el victimismo.

La corrupción es uno de los problemas de la sociedad española, no solo en la vida política, pero también en ella. La acumulación de casos con pruebas y condenas salpica a todos los partidos que han ocupado espacios de poder con un dato general, en todos los casos han tratado de echar tierra y olvida, ninguna disculpa, ninguna decisión ejemplar para desalentar nuevos casos.

Lo que ese informe policial dice es grave; que aparezca en vísperas de la cita electoral también; pero hay explicaciones pendientes que no se han dado. Todo el asunto del señor Millet y del Palau de la música apesta y desde el gobierno catalán y los partidos que le sustentan no ha habido el menor interés para desalentar las malas prácticas.

Artur Mas convocó las elecciones catalanes con dos años de antelación para sacar réditos políticos en unas circunstancias difíciles para cuantos gobiernan. Ha sabido armar una campaña con un relato que se ha construido para su propio provecho, con riesgos, ya que ha concitado emociones que le pueden desbordar, pero con un objetivo claro en la mayoría absoluta.

Las últimas encuestas le colocan en el punto de partida, para ese resultado no hacía falta montar tanto revuelo electoral. Aunque lasa conclusiones no deben extraerse antes de los resultados. Los votos reales y la necesidad y oportunidad de las alianzas posteriores definirán el campo de juego para el inmediato futuro.

Del informe policial que ha entrado en la campaña como un cohete hay que hablar a partir del domingo. Es hora de clarificar, y es probable que jueces y fiscales estén por la labor de contribuir a la limpieza, de abrir puertas, ventanas, sumarios, investigaciones para que entre la luz del sol y desinfecte. Caiga quien caiga, con pruebas y con datos. Artur Mas y Convergencia tienen la oportunidad de querellarse para defenderse, y también de dar explicaciones pendientes desde hace años. La mujer del César tiene que ser honrada y parecerlo; también la política de Convergencia debe parecerlo porque la acumulación de datos e indicios en distintos sumarios, algunos rematados a martillazos y prescripciones, va mucho más allá de lo razonable.

Lo del PP en Baleares es concluyentes, apestoso, y las explicaciones y disculpas muy insuficientes. Y lo del Convergencia no huele mucho mejor. “El Mundo” ha mordido carne.

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