La ministra de Empleo ve señales esperanzadoras

La ministra de Empleo (antes Trabajo) ocupa espacio oficial en los noticiarios del día para pasar un mensaje positivo, dice que ve signos esperanzadores en la economía española y lo dice con la fe del carbonero. En un acto público celebrado en el Ministerio la ministra ha dicho: “el empleo, como eje vertebrador de la España de las oportunidades y herramienta esencial para la cohesión social, es el objetivo prioritario del Gobierno, y debe ser compartido por todos los agentes políticos, sociales y económicos, a cuya responsabilidad apelo para impulsar la confianza en la economía española“. La frase es literal, en serio; forma parte de la nota distribuida por el Ministerio sobre el discurso de la ministra y las televisiones han emitido el corte más oficialista que invita a una mezcla de risa y llanto; con estos bueyes no hay forma de arar.

Hay que suponer que la frasecita la escribió alguno de los asesores que se ocupan de preparar los discursos de gente muy atareada; solo un “negro” irónico, incluso cínico, puede escribir algo tan pedante y vacuo. A renglón seguido la misma nota advierte que la ministra añadió: “no es un optimismo vacío”. Todo leído por la ministra con disciplina de jefe encantado de su tarea.

Las credenciales de la ministra para el cargo siendo muy escasas no lo son más que las de alguno de sus predecesores en el cargo de los gobiernos de los últimos años, pero andan muy lejos de la lista histórica de ministros del ramo con Felipe González, con Suárez e incluso de antes. En eso vamos a menos, ahora son ministros gentes que antes no hubieran pasado el primer corte de idoneidad, ni siquiera entrado en la lista de ministrables.

Con los actuales datos de empleo que la ministra exhiba optimismo resulta cuando menos chocante. Pudiera ser que los datos de afiliación y de paro registrado de octubre sean mejores de lo esperado, que apunten una recuperación. Sólo eso justificaría ese optimismo de la ministra, pero sospecho que no hay datos buenos, ni le habrá en el inmediato futuro.

En España se contrata muy poco, las expectativas son decepcionantes y la credibilidad del Gobierno está bajo mínimos. El optimismo impostado juega a la contra, la ministra roza el ridículo o lo patético cuando anuncia que estamos saliendo de la crisis. Si se lo cree, malo; y si lo hace para animar al personal, también malo, porque consigue lo contrario. La ministra es aparato del partido, razona en términos de aparato, esa es su formación y su trabajo, carece de diagnóstico, carece de experiencia y de autoridad y produce decepción.

Anton Costas, uno de los economistas profesionales que merece la pena leer con atención titulaba su artículo del domingo “Esto no tiene pies ni cabeza”; tiene razón.

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