Presupuestos 2013: debate irrelevante

Uno de los factores críticos para la confianza en la economía española se llama “Presupuestos del Estado” y se apellida “incumplimiento”. Desde hace cinco años, los que llevamos de crisis, los proyectos de ley de Presupuestos se estrellan con una realidad muy alejada de lo pretendido, alejada para mal. Los dos gobiernos (Zapatero y Rajoy) han perdido credibilidad a borbotones a medida que ajustaron, reajustaron, revisaron… e incumplieron todos los objetivos.

El mero repaso de lo que pretendían los cuatro Presupuestos (2009, 2010, 2011 y 2012) y los resultados reales reconocidos a la fecha actual (pendiente el 2012, que no pinta muy bien) es como abochornar a quienes han gestionado las cuentas públicas, para inhabilitarles durante varias décadas por manifiesta incompetencia.

Con los Presupuestos del 2013 no merece la pena perder mucho tiempo, son inverosímiles desde los supuestos iniciales hasta los objetivos últimos; y todo el mundo los sabe, incluidos los que los han preparado. Quizá algún día alguien explique las interioridades de la formulación de estas cuentas públicas (y las del año actual) porque alguna explicación habrá, porque los servicios públicos de Hacienda saben lo que se traen entre manos.

El debate de enmiendas a la totalidad ha dado oportunidades a la retórica, especialmente al ministro de Hacienda que ha corrido con el gasto parlamentario, y también a los jefes de los grupos parlamentarios que con unánime inutilidad han criticado el proyecto. Los votos populares son suficientes para pasar la ley sin admitir más enmiendas que las que les parezcan oportunas para corregir algún error y por generosidad sobrevenida.

El debate de totalidad se hizo en el Congreso con ausencia del presidente del Gobierno y también de la comisión delegada de asuntos económicos que optó por asistir a la sesión de control del Gobierno en el Senado y no a la defensa de los Presupuestos, que son el asunto más importante que este Gobierno se trae entre manos. La ausencia del presidente, incluso el hecho de que no fuera él quien defendiera el proyecto indica que el trámite presupuestario es un mero trámite.

El discurso de Montoro fue retórico, bronco, de oposición, más que defender su Presupuesto y sembrar el campo de la credibilidad se dedicó a descalificar a la oposición, quizá con la idea base de que cuanto peor les vaya a los demás, mejor nos irá a nosotros. El portavoz de CiU, desde el escaño por razones médicas, puso de relieve las contradicciones del ministro Montoro y su falta de interés por el consenso con una estocada atravesada: “Guindos nos cuenta lo qué va hacer, usted no nos dedica la más mínima atención”.

En resumen un ejercicio parlamentario inútil para el trámite de una de las leyes más importantes del año. El Gobierno no ha estimado que hubiera oportunidad para alcanzar algún consenso en esta ley y ha optado por pasar la prueba sin más, aunque a costa de que suponga pérdida de la escasa credibilidad que nos queda.

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