El termómetro dice fiebre, se rompe y listo

La semana empezó en los mercados en rojo sangre para los españoles (con los italianos a cola) porque no hay respuesta válida a los problemas. La tesis oficial es que le toca a Europa mover ficha, de manera que si eso no ocurre sigue la tensión. Y Europa no mueve pieza porque no siente peligro suficiente y entiende que son los afectados quienes deben concretar su estrategia. De manera que hoy por tí, y mañana también, la crisis sigue en lo alto y engordando.

Desde algunos sectores reclaman el plan B que todo gobierno debe tener preparado. Pero no hay plan B. La tesis del ministro de Economía es que España no necesita rescate, que tiene potencial para gestionar sus riesgos. En eso coincide con lo que dice en público el ministro de finanzas alamán, que es el que tiene más autoridad en la Unión. Pero suena a que lo dicen por decir, con la boca pequeña, que la procesión va por dentro y con otro tono. Y bajo esa sospecha, que acrecientan las declaraciones, a canutazo limpio, de unos y otros locuaces que para poner ejemplos recuerdan el corralito argentino o las tragedias griegas, el personal vive la cotización de la dichosa “prima” con angustia creciente.

Los gestores de compañías cotizadas sometidas a la presión de la especulación a corto, que apuesta a la depresión, a la pérdida de valor inmediato, reclaman que acaben con esa modalidad, que cierren los mercados especulativos a crédito, a corto. La autoridad bursátil les ha hecho caso, primero en Italia y luego en España, y han suspendido ese mercado hasta que acabe el verano.

Los que quieren ver la raíz del problema en los malvados especuladores (de los que nadie se acuerda, ni maldice, cuando las cosas van bien y las cotizaciones suben) se sienten reforzados al ver que los precios de las acciones se estabilizaron con la prohibición de ese tipo de operaciones. Pero es puro espejismo, esos especuladores miden la temperatura del paciente, tirar el termómetro por la ventana nos deja sin conocer la fiebre, antes de superar la enfermedad.

Sin cortos hay menos especulación, menos riesgo inmediato, pero también menos información. Durante demasiado tiempo se ha ocultado la realidad, no se han querido admitir los riesgos. Y ahora abusan de las excusas. Pretender que el BCE tiene capacidad para resolver la crisis son ganas de huir de la realidad. El BCE no puede comprar toda la deuda española, italiana, belga…porque no hay dinero en el mundo para tanto.

Los bancos centrales disponen de poder intimidatorio, disuasorio, especialmente cuando no tienen que utilizarlo. Es la misma posición que la guerra fría, con dos antagonistas capaces de destruirse varias veces pero conscientes de que esa era una opción sin retorno. Pretender que el BCE puede resolver la crisis es creer en milagros. La desconfianza de los acreedores es profunda y en cuanto aparezca un comprador tratarán de colocarle toda la cartera, hasta el último euro. La solución hay que construirla con otros argumentos de credibilidad que desde luego no discurren por el discurso de que no hay alternativa, que la caja está vacía, y que ya se ha hecho lo que toca. Hay que hacer más y distinto.

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