Draghi y el banco clandestino

¿Dónde está el Banco Central Europeo? ¿Cuándo llegan esos “cien mil hijos…” del BCE para salvarnos? En el Gobierno y el partido que le sustenta hay desconcierto, han hecho lo que los socios y amigos europeos les han pedido, se han entregado a la señora Merkel y sus mandamientos… pero no ha llegado respuesta tranquilizadora. El riesgo de “rescate inminente” es mayor que nunca. Más que riesgo empiezan a hablar de necesidad.

Y del BCE solo llega ese comentario severo de su presidente Mario Draghi (italiano tenía que ser) que dice “el BCE no está para resolver los problemas financieros de los estados miembros”. Más claro agua. El BCE no va a amover un dedo interviniendo en los mercados monetarios para comprar directamente deuda española hoy, italiana más tarde, y quizá luego belga y francesa.

El ministro español de Exteriores no se muerde la lengua y dice que el BCE es un “banco clandestino”, porque no aparece como el “7º de Caballería” de las películas del oeste. Aquí no hay 7º. Antes, el mismo ministro, había reprendido a la canciller de Alemania, en vísperas de una visita de Rajoy a Berlín. Hubo que pedir disculpas, sonreír y echar pelillos a la mar.

Esos desahogos ministeriales son solo el aperitivo o la indicación para los argumentos que circulan por las filas del partido del Gobierno y sus impacientes animadores que no pueden creer lo que ocurre. Ya no es solo la “horrible herencia recibida” “la quiebra Zapatero”, ahora son estos europeos ingratos los que no vienen a socorrer al amigo. Y además los pérfidos especuladores, que como cuervos, caen sobre la deuda del Reino de España y la encarecen.

No se pueden utilizar argumentos y explicaciones más lamentables e inútiles; vergüenza debería producir a cuantos amparan semejantes patrañas y tópicos. Buena parte de la deuda emitida últimamente se ha suscrito gracias a las facilidades del BCE que tiene cedidos a la banca española más de trescientos mil millones de euros, sin los cuales hace tiempo que la economía española se hubiera ido a la intervención sin paliativos.

Draghi lo ha reiterado con paciencia, el BCE no irá más allá de lo que dicen las normas. No comprará directamente deuda de los socios, mientras no cambien los Tratados. La insistencia para ir más lejos, para que el crédito del dichoso MoU, que se firmará esta semana sin que nadie haya explicado en detalle su contenido, no compute como déficit era vano, pura imagen, gestos inútiles que debilitan la menguada credibilidad. Otra cuestión es que cuando funcionen el nuevo Fondo (MEDE) que será el instrumento para rescates más matizados.

Entre lo peor de la crisis está el desconcierto del Gobierno. Pedro J. Ramírez les decía ayer que actúan “con saña, sin rigor y sin utilidad”. No se puede decir más en menos. Lo de la “saña” va por la estrategia fiscal de Montoro, lo del poco rigor debe ser porque después de 21 Decretos Ley en siete meses las cosas siguen igual que antes, o quizá algo peor.

El Gobierno necesita nuevas ideas, enterarse de lo que ocurre, entender a los socios, agradecer a los acreedores que siguen prestando y meterse en serio a ajustar gastos innecesarios, que no corresponden solo a las autonomías. Los datos de Fomento expuestos por la ministra el pasado viernes son tan elocuentes como cualquier otro, de despilfarro en la administración central.

Ese banco clandestino para el ministro de Exteriores es ahora el primer acreedor, a distancia, de España. Aunque quizá el ministro y unos cuantos más no se han enterado. Luego dirán que nos tienen manía los del norte.

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