Cifras resbaladizas, y poco consistentes

El ministro de Hacienda ha llamado la atención en el Senado acerca del apartado 6 del artículo 2 del decreto ley 20/2012, el paquete de julio, que mantiene la paga extra de Navidad a los empleados públicos que perciban un salario mensual inferior a 1,5 veces el salario mínimo. ¿Qué razón le llevó a no advertirlo el pasado viernes? ¿Cómo es que nadie se dio cuenta del detalle? En realidad es un dato poco relevante, que aparentemente mitiga la medida que tanto ha irritado a sus víctimas, pero que no es más que una gota en el océano.

El propio ministerio dice que son entre 10.000 y 15.000 las personas afectadas. El intervalo es grueso, llama la atención que sean capaces de dar el cato “al céntimo” lo cual indica que trabajan a bulto o que trabajan poco. Si son 15.000 se trata de algo así como el 0,5% de los afectados, es decir un porcentaje irrelevante. Y si en vez de personas hablamos de dinero, que es lo que busca Hacienda, la cifra, en el mejor de los casos no llega a los 15 millones de euros, el 0,3% del ahorro que pretende el Gobierno. Sin embargo ese 0,3% se convierte en argumento y titular de los noticiarios, con notable inconsistencia.

Las cifras agregadas con escurridizas. Ahorrarse esa paga extra de navidad dicen que supone 4.500 millones de euros que no salen del Tesoro (equivalente a cuatro décimas del PIB, que no son poco). Pero los números no cuadran. La nómina total de los empleados públicos asciende a 123.000 millones de euros (datos oficiales del 2011 al 2012), por tanto esos 4.500 millones no alcanzan el 4% del total. Sin embargo los altos cargos recortarán el 7%, como cifra equivalente a los demás empleados del estado. ¿Es el 4%, es el 7% o es algo aproximado?

La inconsistencia de las cifras, si carácter resbaladizo, opinable, probable debilita la credibilidad del propósito. Llevamos cinco operaciones de ajuste del gasto público a lo largo de los últimos 30 meses, pero el gasto público apenas se ha movido, funciona como un globo al que se aprieta por un lado para que el aire se desplace a otro, pero siempre el mismo aire.

Muchos gesto, mucho rigor aparente, pero no pasan de las musas al teatro. Van a ajustar, ajustan a muchos, pero el conjunto sigue siendo igual. Alguien se come el queso de otro, las cuentas no cuadran, más bien parecen cuentos. Y sin embargo mucha gente siente que se han llevado su queso. Convendría, quizá, instalar unas buenas ratoneras.

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