Perplejidades a cuenta de la ética

Alguien dijo lo de que se muere gente que no se había muerto nunca antes, o mentar la soga en boca del ahorcado y otras perplejidades imposibles. Durante las últimas horas se han producido alguno de esos hechos sorprendentes que pueden indicar virtud o notable cinismo. La vocal del Consejo del Poder Judicial, Margarita Robles, una de las más esmeradas enredadoras de esa casa responsable principal de los avatares que han llevado al actual Consejo y lo que representa al mayor de los descréditos, ha hecho en un curso de verano (¿efecto del calor?) una apelación a la “ética y el rigor en el trabajo de los periodistas”.

La magistrada se ha quejado de que los medios aludan a la “politización de la justicia”, dice que eso es falso. Pues que santa Rita la conserve la vista y san Raimundo de Peñafort el entendimiento. Se queja la influyente vocal de que cuando el New York Times dice que la justicia española no funciona, baja la prima de riesgo. Así que ella cree que funciona, lo cual acredita problemas en alguno de los otros sentidos.

La magistrada se lamenta de que el Consejo no es capaz de elegir un presidente como si eso no fuera lo habitual en ese grupo de designados, que funcionan por cuotas y hace tiempo que olvidaron la naturaleza del encargo que prometieron o juraron. Que la señora Robles apele a los periodistas a hacer bien su trabajo, que critique a los medios por falta de rigor produce cierto asombro.

El otro hecho sorprendente es el de los dos nuevos ejecutivos de Caixa Galicia que ponen anuncios y comparecen en público para pedir perdón en nombre de la entidad por la colocación de preferentes y similares los clientes con poco respeto a los mismos. Piden perdón por algo en lo que no tuvieron parte, algo que es responsabilidad de los anteriores gestores, la mayor parte de los cuales empieza a comparecer ante los tribunales por diversas causas.

Alguien habrá animado a estos nuevos ejecutivos, competentes y con buena ejecutoria hasta ahora, para este gesto comercial, de arrepentimiento que no les corresponde. Ellos no tienen que arrepentirse, otra cuestión es que la entidad que dirigen decida asumir alguna responsabilidad y compensar a los perjudicados. El gesto tiene tintes japoneses, pero allí llegaban más lejos, ante el error, reconocimiento y dimisión, e incluso respuestas más contundentes. El ejercicio suena bien pero rezuma tinte publicitario, confuso y raro.

De ambos hechos se puede derivar que viene un viento de exigencia, requerimientos de ética y limpieza, pero que puede quedar en mera cosmética para aparentar.

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