Se podía gestionar peor, pero no es fácil

Llegaron los informes de los expertos independientes y han descubierto que el Mediterráneo está donde siempre. En el escenario base que han contemplado los consultores, el previsto en el Programa de Estabilidad presentado en Bruselas, el consenso de analistas y entidades financieras internacionales (recesión este año, -1,7% y el próximo -0,3%) el sistema financiero español precisa recursos propios adicionales del orden de 16.000 a 25.000 millones de euros. Y en el escenario adverso, una recesión  de -4% y -2% para este año y el próximo) las necesidades de capital del sistema serían entre 52.000 y 62.000 millones de euros. Para ese viaje no hacían falta alforjas.

La cifra máxima, los 62.000 millones, es la que ha ido a los titulares de los medios en sus ediciones digitales inmediatas. Pero ni siquiera esa cifra, que responde al peor escenario, impresiona una vez que la referencia está en esos cien mil millones que ofreció el Eurogrupo a Rajoy para disipar, de una vez por todas, las dudas sobre la solvencia de los bancos españoles. Los gobiernos, el actual y el anterior, no podían gestionar peor esta crisis financiera. Primero negaron y minimizaron sus efectos, y luego la han exagerado y llevado al límite.

Por el camino la autoridad del banco de España se ha ido abajo y el prestigio de la supervisión a pique. La eficacia del sistema financiero y especialmente su supervisión fueron el argumento para que España tuviera un asiento, o trasportín, en el G20. En pocos meses han arruinado ese activo, sin necesidad. Porque los consultores externos han utilizado los datos del banco de España y han puesto su firma sin aportación adicional.

Peor aún, el descrédito del sistema financiero español, que tiene tantos problemas como los de otros países, pero que es más eficaz que la mayoría, ha contaminado a la deuda soberana española. Los problemas detectados por los consultores eran conocidos, los 19.000 millones del agujero de Bankia más los 10.000 de las cajas gallegas y catalanas y el, pico del banco de Valencia, son la parte sustancial del déficit. Y eso ya se sabe desde hace meses. La polémica del rescate-crédito del Eurogrupo ha sido innecesaria, una sobreactuación para penalizar a los españoles por la falta de diligencia para hacer frente a los ajustes exigidos y a las reformas reclamadas.

Quien hubiera leído con calma los artículos  de Aristóbulo de Juan publicados en Expansión y en el mensual Consejeros a lo largo de los  dos últimos años pudo disponer de una estimación del problema más cabal  que la que apuntan los consultores. Y el acceso a algún otro documento más detallado exponía los datos que ahora parecen una revelación.

La conferencia de prensa de la tarde permitió detectar que el secretario de estado es confuso de exposición y que al nuevo subgobernador se le entiende bien y trasmite seguridad. Pero el primero se empeñaba en tomar la palabra. Esta es una crisis severa, que hasta ahora se ha gestionado con impericia. El renovado banco de España debería tomar la iniciativa y el gobierno dar un paso atrás en beneficio de todos.

fgonzalu@nebrija.es