Horrible herencia, horrible gestión

Al ministro Guindos no se le puede negar intensidad, movilidad, de Madrid a Bruselas, a Londres, a Berlín, anoche en Barcelona, al rato en Madrid, y siempre con asuntos delicados entre manos, con demasiados micrófonos y, por tanto riesgo de alarmar, y con incendios manifiestos a los que tiene que volcar agua, que en ocasiones parece gasolina.

Reconocida la movilidad hay que constatar, con pesar, que acumula desacierto; tanto que el presidente del banco Central Europeo lo ha señalado en público, en frío, con tanta descortesía como contundencia. El señor Guindos no es de los que olvidan, tiene fama de malas pulgas, de manera que el señor Draghi cuenta con un ministro vigilante que le devolverá la cortesía cuando sea oportuno.

El ministro presentó ayer en el Parlamento su segundo decreto ley (18/2012 de 11 de mayo) para sanear el sistema financiero, complementario del primer decreto (2/2012 del 3 de febrero) de restructuración del mismo sistema. El decreto recibió la bendición de la Cámara con los votos del partido que sustenta el Gobierno y la propina del diputado navarro y la pareja canaria. Los votos de socialistas y nacionalistas catalanes fueron a la abstención y el resto al no. La abstención de los dos grupos relevantes de la oposición indica que el decreto sale aprobado, pero mal comprendido.

En realidad el decreto está averiado una vez que diez días atrás la crisis del sistema financiero entró en otra dimensión con el caso Bankia que pasará a la historia como el mayor conocido y también como el peor gestionado. Es difícil de entender que buena parte de los consejos de los bancos averiados sigan en sus cargos, tampoco se entiende que los recursos propios sigan en el balance, íntegros cuando la entidad reclama una montaña de fondos adicionales, hasta 24.000 millones de euros del Tesoro, para evitar la quiebra. Y todavía es más incomprensible que a la fecha de hoy no se sepa aún de dónde va a venir el dinero.

Entretanto la desconfianza de los mercados hacia España se ha multiplicado, la prima de riesgo ha escalado a zona de alto riesgo y la opinión pública internacional que cuenta apalea la reputación española con fiereza y el Gobierno sale malparado. La herencia recibida por el Gobierno Rajoy era muy mala, pero la gestión de la misma sigue la misma pauta. El dibujo que se hizo Rajoy cuando llegó a la Moncloa ha saltado por los aires. Bruselas extendió esta semana acta de suspenso sobre todo el programa del Gobierno desplegado desde los últimos días de diciembre con muchas pretensiones y pobres resultados.

El ajuste del gasto es insuficiente, las subida de impuestos se quedaron cortas, la reforma del sistema financiero un fracaso y el resto del programa reformista cursa con más ruido que nueces. En resumen se les ha ido la fuerza por la boca, muchos decretos, mucho autoelogio, pero pobres resultados. La crítica no llega de la oposición, que sería de oficio, sino de los socios del club del euro que están concernidos por la suerte de España y que ven al enfermo muy malito. Probablemente es hora de que el responsable clínico considere la posibilidad de cambiar de equipo y de tratamiento.

fgonzalu@nebrija.es