Banco de España: Errores que pasan factura

Seis años atrás, 2006, cuando las economías crecían y alguien soñaba que las crisis eran pasado, que la ciencia económica era capaz de gestionar los aterrizajes suaves y los despegues vigorosos, el gobierno Zapatero decidió el relevo preceptivo del equipo de gobierno del banco de España sin acuerdo con la oposición, que tampoco dio facilidades. La ley establece que la facultad de designar gobernador y subgobernador (por seis años y sin revocación salvo causa mayor) es del presidente del Gobierno, pero se consideraba cortesía democrática consensuar las designaciones y que estas recaigan en personas con claro perfil profesional. Ese fue el caso del profesor Rojo y Miguel Martín (designados por Felipe González en 1992) y de Jaime Caruana y Gonzalo Gil (designados por Aznar el año 2000). A los primeros les tocó la crisis Banesto; los segundos disfrutaron de una etapa feliz, a la que se adaptaron sin agobio.

Zapatero y Solbes movieron ficha el año 2000 a favor de un colega de gobierno y partido, economista del estado con experiencia en Hacienda y en Washington (FMI), pero sin perfil de banquero central. Para subgobernador el gobernador propuso y el Gobierno aceptó una persona de la casa (José Viñals) que a los tres años tuvo una oferta mejor del FMI, para un puesto de primer nivel. Le sustituyó otra persona de la casa con bajo perfil. El nuevo gobernador partió con rechazo de la oposición y pronto se ganó la inquina de buena parte del Gobierno y del partido socialista. De manera que Solbes y Zapatero hicieron una mala elección que ha debilitado la autoridad del gobernador y, lo que es peor, de la institución.

Si eso no era grave el año 2006 y siguientes, a medida que la crisis se instaló y complicó la vida a las entidades financieras, especialmente las cajas, el papel del Banco de España ganó responsabilidad y el déficit de autoridad se ha convertido en un problema para España. El epitafio lo escribió el pasado viernes el ministro de Economía del Gobierno Rajoy (y los portavoces de su partido de forma más grosera) con un nuevo plan de ajuste del sector que da de lado al supervisor. El plan cede a presiones de Bruselas y encarga a unos auditores externos el diagnóstico de la calidad de los activos de los bancos y cajas españoles. Un golpe definitivo para el prestigio y la autoridad del Banco de España, cuyo trabajo de inspección queda en entredicho, descalificado. El ministro ha aceptado ceder esa función a Europa, una cesión de soberanía sin precedentes, que deja bajo sospecha a todo el sistema y al supervisor en la cuneta.

Además, desde el Partido Popular han decidido salvar sus responsabilidades de gestión en varias cajas (con Bankia en cabeza) endosando la culpa al gobernador, como si él fuera el que otorgó los créditos malos y adoptó las decisiones que han salido mal. Para limpiar de culpas a Aznar y a Rato arremeten contra el Banco de España. Un error de bulto que afecta al valor de marca España en el momento más inoportuno.

Del error Zapatero-Solbes el año 2006, pasamos al error Rajoy-Guindos de 2012. Dos tropiezos que arruinan el trabajo de muchos años. Dos errores que se repararán con dificultad. Aún lo pueden poner peor si la elección del tándem gobernador-subgobernador, que es inminente, va por mal camino, hipótesis que es más probable que la contraria.

fgonzalu@nebrija.es