Peor que ayer, mejor que mañana

La tendencia informativa apunta una tendencia a empeorar: el propio ministro de Economía parece entregar la esponja cuando señala que le toca a Europa mover pieza, que el Gobierno español ha hecho lo que se esperaba de él, lo que le han pedido. Y el presidente Rajoy emite en tono semejante cuando para explicar su segunda ronda de ajuste financiera (cuarta en cuatro años) culpa al Gobierno del problema y argumenta que las medidas llegan “tarde, mal y a rastras”. Y desde el Partido Popular el “argumentario” ante el caso Bankia (repetido en cuantas intervenciones pueden) endosa la responsabilidad del desastre al gobernador del banco de España, sin resquicio a otros nombres.

La secuencia es deplorable, la situación es mala, y la conducción de la crisis la empeora. Ha sido el presidente de Telefónica el que levantó la voz ayer ante la junta general de su compañía para defender que la economía española tiene elementos potencia y valor por encima del atribuido.

El Tesoro colocó ayer letras a 12 y 18 meses a un tipo de interés en torno al 3%, coherente con el 6,2% al que cotizan los bonos a diez años. La colocación de casi 3.000 millones de euros en letras, conforme al programa previsto, significa que el Tesoro sigue por delante de las necesidades de financiación y está en condiciones de soportar unos meses de bloqueo de la financiación.

Cuando el ministro de Economía señala que la crisis griega afecta al riesgo español está sobrado de razones, pero utilizarlo como excusa solo indica debilidad. El ministro pilota en solitario, dando de lado al Banco de España (que es bastante más que su propio gobernador) la restructuración del sistema financiero con sorprendente torpeza. No discrimina en un sector donde la gama de colores es muy amplia y no acierta a mandar con templanza. Durante los siete últimos días se ha deslizado hacia un vértigo informativo con subida diaria de la tensión, de tal manera que las noticias de cada día son peores que las del día anterior, pero mejores de las del siguiente. Las filtraciones a los medios han ido siempre por delante de las decisiones, confirmando una secuencia perversa.

Si no había otra opción que la intervención de Bankia, podía haberse hecho con un solo acto, porque hay procedimientos habilitados para ello, sin incurrir en lo riesgos de la voladura controlada y la contaminación a todo el sector de la desconfianza de una parte del mismo. Ni las fusiones son la panacea, ni obligar a todos a provisionar con carácter general, sin una previa calificación de los activos, pone punto final a las dudas.

Fallos de explicación, pero también fallos de diseño, que son mucho más decepcionantes que los primeros. Dar de lado al Banco de España es un error grave, al margen de que el desempeño del actual equipo de gobierno (no solo del gobernador, que no tiene tanto poder como le quieren atribuir) es manifiestamente mejorable.

Lo mejor que podía hacer el Gobierno, una vez que ha descalificado al Banco de España, es anunciar el nombre del tándem gobernador y subgobernador (tan importante este como el primero) que deben asumir la dirección de la institución a partir de julio. Esos nombramientos son decisivos, entre otras razones porque son por seis años, más allá del mandato del Gobierno y porque deben ser personas de fuste, con autoridad y prestigio, incluso con distancia del ejecutivo.

Esto va mal y no es para tanto; el sistema financiero español es mejor de lo que dice el mercado; algunas entidades van a sobreprovisionar, a embalsar beneficios futuros que algunos inversores sin prisa y expectativas a medio plazo van a provechar. De momento vamos a peor, más allá de lo inevitable. El ministro Guindos dice que ya ha hecho todo lo que debe hacer y el presidente que está dispuesto a hacer incluso lo que no le gusta hacer. ¡Vaya pareja de entusiastas! ¿Pretenden sembrar confianza con ese argumentario?