Doce meses libres de elecciones

Una vez que andaluces y asturianos depositen el domingo sus votos empieza un período de un año sin citas electorales. Hasta que en marzo de 2013 vascos y gallegos sean convocados para elegir sus respectivos gobiernos autonómicos, no hay ninguna cita electoral obligada en el calendario. Un año sin urnas, tras un largo e intenso trienio que empezó en marzo del 2009 y que ha producido relevos en casi todo el mapa político español. Tres años de elecciones europeas, municipales, autonómicas, generales que han dado un vuelco en el reparto del poder político, que ha basculado de una hegemonía limitada del PSOE a un dominio casi absoluto de los populares.

Durante el trienio el debate partidistas, el populismo electoral y el descubrimiento de una corrupción rampante han dominado la agenda política y la de los medios hasta la náusea. La condena a Jaume Matas, más riguroso y fundamentada de lo que nadie imaginó, abre la puerta a una larga lista de juicios y de previsibles sentencias que van a resquebrajar, más aun, la corta reputación de la política y de los políticas.

Quizá lo más llamativo de la primera sentencia Matas no es tanto su rigor cuanto la indiferencia con la que la han recibido los partidos y sus respectivos jefes. Ni el PP ni el PSOE parecen sentirse concernidos por los hechos delictivos, escandalosos, bochornosos aflorados del gobierno Matas (decían que era ejemplar) como de la gestión socialista en la Consejería de Trabajo de Andalucía. La indiferencia de los ciudadanos es más que merecida, la han trabajado con tesón.

La principal preocupación de los ciudadanos es la crisis económica. Y a renglón seguido la política, y algo tienen que ver la una con la otra. Ambas condicionan las expectativas de los agentes económicos y sociales y afectan a confianza.

Cerradas las urnas en Andalucía y Asturias, sean cuales sean los resultados, a todos los partidos se les abre la oportunidad de una etapa de reflexión, de una ventana para la negociación y el acuerdo, sin la excusa de la urgencia electoral, para abordar con diligencia los ajustes que se exigen a la sociedad española para salir de la vigilancia de acreedores y socios.

Frente al quebranto adicional que va a suponer la acumulación de casos de corrupción y mala gestión en todas las instancias públicas, estos próximos meses proporcionan a Rajoy y a Rubalcaba y a los demás jefes de fila de los grupos políticos, la oportunidad de intentar una reivindicación, de ocuparse de los problemas que preocupan a los ciudadanos y que éstos lo sientan así.

La carrera de reproches: “y tu peor” no conduce a recuperar la confianza, solo cristaliza las posiciones hasta hacer imposible soluciones eficaces, compartidas. La mayor responsabilidad corresponde al gobierno, especialmente cuando un partido acumula tanto poder como ocurre ahora con el PP y Rajoy. A su favor tiene la propia debilidad del adversario, y en su contra el dogmatismo de algunos sectores de su propio partido que quiere acabar con la voz de los adversarios.

Ningún jefe de gobierno ha acumulado tanto poder y tanta experiencia como Rajoy, también problemas difíciles. Por eso mismo pude abrir un período de varios meses de concordia, de consenso, al menos para resolver algunos de los problemas pendientes más urgentes. Además tiene la coartada europea, que sirve de referencia para la modernización de España, para alcanzar el sueño de los ilustrados, doscientos años después de la Constitución de 1812, que todos asumen y abrazan como propia.

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