Red Eléctrica como símbolo de algunos males

La designación, frustrada, de un grupo de amigos del gobierno para ocupar el consejo de administración de Red Eléctrica de España -compañía cotizada en el IBEX35, participada por el Estado y regulada desde el ministerio por cuanto gestiona el monopolio de las redes de distribución eléctrica de alta tensión- pone de relieve con descaro el conflicto de intereses, el abuso de posición y el partidismo en decisiones del ejecutivo y su entorno. En resumen males de la democracia.

Vaya por delante que Red Eléctrica es una buena empresa, de las mejores de su sector en el mundo, con alta tecnología, excelente know how en su especialidad, exportadora, y con una eficaz organización y costes. Existe desde los primeros compases de la democracia. Un gobierno de UCD debatió la nacionalización de la red de alta tensión que provocó crisis del gabinete con salida del Vicepresidente económico (Fuentes Quintana) y del ministro de Industria (Alberto Oliart). De manera que se trata de un asunto sensible que produce maremotos políticos. El posterior gobierno socialista nacionalizó la red y creó Red Eléctrica Española el año 1985; el gobierno Aznar llevó la compañía a bolsa el año 1999.

El Estado mantiene un 20% del capital en la cartera de la SEPI, lo cual otorga al gobierno posición dominante en la compañía. El resto del capital está en manos de una decena de inversores institucionales internacionales, con posiciones del orden del 3% cada uno de ellos, sin presencia en el consejo. Completan el capital unos millares de particulares, inversores estables atraídos por un buen dividendo (5,5%) y expectativas razonables de estabilidad en el precio. Durante los dos últimos años la cotización ha oscilado entre 28 y 43 euros (ahora cotiza en torno a 36). REE podría estar completamente privatizada y perfectamente controlada por el regulador o el ejecutivo en cuanto al cumplimiento de objetivos sociales de carácter general.

Durante los 27 años de funcionamiento REE ha tenido cuatro presidentes con períodos coincidentes con gobiernos de uno u otro color: Paulina Beato y Jorge Fabra (gobiernos González), Pedro Mielgo (gobiernos Aznar) y Luís Atienza (gobiernos Zapatero). El gobierno Rajoy aporta nuevo presidente para REE, José Folgado, alcalde de Tres Cantos, que deja la tarea, economista y anterior secretario de estado con Rato y con responsabilidades en temas energéticos.

¿Tiene sentido que cada gobierno coloque su propio presidente, amigo o militante del partido, en una empresa técnica y profesionalizada? No debe extrañar que la percepción en los mercados y entre inversores internacionales sea que España es un país con democracia incipiente, averiada, con estado de derecho relativo, accidental, donde conviene ir de la mano de amigos del poder para evitar sorpresas. Buena prueba es el hecho de que los dos vicepresidentes de economía de la etapa Zapatero están en la nómina de Enel/Endesa, que protagonizaron una de las tomas de control empresarial más polémicas de estos años. La estética es decepcionante.

REE dispone de un código de buen gobierno ejemplar, un estatuto del consejo que satisface las exigencias de responsabilidad corporativa. Es decir que se saben la teoría e incluso presumen de ella. El artículo 9 del estatuto del consejo dice que éste designará al Presidente y el 19 que los nuevos consejeros serán “personas de reconocida solvencia, competencia y experiencia” designados por la junta general o el propio consejo. Evidentemente se trata de mera retórica. Quien elije es el gobierno, o el partido, y amén. Cuando se les va la mano, como ocurrió esta semana pasada, rectifican no por arrepentimiento virtuoso sino porque se ven pillados. No hay mérito en el paso atrás, solo confirmación del abuso.

Aquí pasa como en el Constitucional, el Consejo del Poder Judicial, RTVE, organismos reguladores… el problema no está en el modelo de designación de responsables sino en el abuso de poder, en el incumplimiento de los mandatos legales y estatutarios y el dominio del capitalismo o estatismo de “amiguetes”. Todos los modelos son imperfectos, debería ser perfecta la seriedad y la virtud de los que designan, su esmero en buscar los mejores y no a amigos agradecidos.

Y una coda: que el consejo de REE tenga una retribución por asiento de 160.000€ anuales indica dispendio y ostentación. El gobierno anunció el viernes una bizarra medida de austeridad suprimiendo empresas públicas innecesarias que ahorran dos millones de euros al año. El consejo de REE cuesta algo más, y no por eso hace mejor la compañía, que, insisto, es excelente y está bien gestionada. Quizá lo único que sobra es el consejo.

fgonzalu@nebrija.es