Déficit o mirar el dedo y no lo que señala

El Gobierno, y más en concreto su presidente, está emplazado con el objetivo de encajar las cuentas públicas, y devolver el déficit a las exigencias de la zona monetaria del euro, es decir gastar menos y/o ingresar más. Los datos del 2011 son decepcionantes, el 8,5% sobre PIB de déficit reconocido, significa 90.000 millones, que se suman a los otros 200.000 generados durante el bienio anterior. Para exponerlo de forma más gráfica, el Estado ha gastado durante el último trienio casi 1,5 billones de euros (la mitad del PIB acumulado en el período) pero solo ha ingresado 1,2 billones. El agujero es monumental, y justifica la desconfianza de los acreedores y su recelo a seguir financiando a un Estado tan desequilibrado, que en sólo tres años despilfarró su solvencia.

El énfasis ahora se coloca en convencer a los socios del euro, y al mercado, de que el recorrido a la baja del déficit debe ser lento, menos exigente de lo previsto. Y la fortaleza del Gobierno se trata de pesar y medir en función de lo que consiga en Bruselas, una mayor tolerancia frente al déficit, que sería un éxito para el Gobierno, una demostración de fortaleza internacional. Puro machismo.

El enfoque es equivocado, lo que hay que explicar a los españoles es que el desequilibrio de las cuentas públicas es insoportable. Un gasto público al modelo escandinavo, cercano al 50% del PIB, no es sostenible si los ingresos se someten a un modelo latino, en torno a un 33% del PIB.

De manera que hay que gastar menos, los ajustes son inevitables, y los gobernantes que dicen que han llegado al límite (varios presidentes autonómicos) tendrán que pensarse su papel, si están al límite, que lo dejen. Y habrá que ingresar más, para financiar lo nuevo y rebajar la factura acumulada. Otra cuestión es cómo recaudar más, sobre quién girar las facturas.

Pero para empezar hay que clarificar los objetivos, empezando por el del ajuste. Las protestas en la calle precisan una aclaración: lo que no puede ser… No puede ser, y además es imposible. ¿Por dónde empezar el ajuste?, por lo más cercano, por tierra mar y aire. No da de sí más. Y ese relato, esa explicación, la tiene que dar Rajoy con más claridad, con reiteración. No sirve eso de que se ajustará lo que haga falta, porque es un realismo inane. Hay que señalar las metas, pero sin quedarse mirando al dedo.

El Gobierno ha tomado medidas, incluso va más lejos de lo que muchos, esperaban, va a sufrir una inútil huelga general, pero está falto de contar una buena historia sobre los objetivos, la epopeya de la salida de la recesión. Un relato urgente que tiene que contar el presidente, que no admite voces delegadas.

Fgonzalu@nebrija.es