El BCE sostiene el euro y a los bancos

El Gobierno europeo, ahora lo llaman “gobernanza”, no va bien desde hace años, las ampliaciones del club durante las dos últimas décadas han producido indigestión crónica y pérdida de perspectiva y proyecto. El Acta Única (última década del siglo XX) supuso un paso adelante decisivo para la Europa unida, en paz, libertad y progreso. Pero el paso siguiente, el de la moneda única, impuso compromisos, previos y posteriores, a los socios, que suponen cesión de soberanía y exigencias presupuestarias y macroeconómicas complejas, insuperables para varios. Unos se lo tomaron en serio, otros no tanto y algunos estimaron que el poderoso club velaría por todos, por la cuenta que les trae.

El proceso de integración política ha ido de fracaso en fracaso. La nueva Constitución Europea tropezó con referéndum adversos, incluso en alguno de los países fundadores. Y la Agenda Lisboa, aprobada en marzo del 2000 con el propósito de que la Europa del euro alcanzara en una década (horizonte 2010) la primera posición del mundo como economía avanzada, competitiva, con pleno empleo y cohesión social. De todo aquello queda poco. Incumplieron objetivos y compromisos los países más fuertes, empezando por Alemania. Y la crisis financiera del 2007, la de los productos tóxicos venidos de América y la quiebra de Lehman, abrió la puerta a otra crisis mayor, la de la deuda de los países de la periferia y del sur de Europa. En esa estamos, con el proyecto europeo abierto en canal, atascado en la crisis griega y amenazado por los desequilibrios de Italia y España, que son países determinantes en la zona. Ahora Europa es el problema, para los propios europeos y para sus socios.

Desde mayo del 2010 el gobierno europeo, con severo liderazgo alemán, secundado por el socio francés, trata de imponer una política de austeridad y rigor que no funciona, que ha llevado a la actual recesión. De entre todo emerge una autoridad con creciente influencia: el Banco Central Europeo, con aunque con facultades limitadas, ha proporcionado una red de liquidez para sostener el sistema financiero europeo, seriamente amenazado de colapso y sin margen para suministrar crédito al sistema, que es imprescindible para evitar la recesión o para salir de ella.

Los bancos son principales actores de la crisis y deben serlo de la salida de la misma; pero para ello tienen que recuperar solvencia y liquidez, en resumen cumplir su función. El BCE abrió en diciembre, de forma excepcional y urgente, una ventanilla de la liquidez (LTRO) con modestas exigencias de garantía, entregando casi medio billón de euros a medio centenar de bancos europeos, a tres años y a un precio irrisorio. Lo que los gobiernos de la unión no son capaces de hacer el BCE lo monta en un día.

Mañana el BCE abre otra ventanilla equivalente en cantidad y precio y los bancos se abalanzarán a tomar ese dinero que les permite evitar el abismo, pero que no es probable que sirva para recuperar el flujo crediticio al sistema. Cuando los historiadores analicen esta crisis el papel del BCE ocupará el capítulo principal, la duda ahora es si el juicio será favorable o crítico. De momento su papel es decisivo, sostiene el tinglado.

fgonzalu@nebrija.es