El Pacto catalán, liturgia y poco contenido

Los 62 escaños de CiU que sustentan el Gobierno catalán son insuficientes para sacar adelante las leyes, especialmente el Presupuesto. A los convergentes les faltan seis votos que tienen que buscar entre alguno de los cuatro grupos parlamentarios que le siguen en importancia (PSC, 28 escaños; PP 18; IU-verdes 10 y ERC 10). Los otros dos grupos independentistas de Laporta y Ciudadanos no suman lo suficiente (4 y 3).

La realidad es que la alianza natural es entre el Gobierno y el PP. Así ocurrió hace un año para sacar los Presupuestos del 2011 y así fue ayer para dar luz verde al Presupuesto 2012. La abstención del PP, laboriosamente trabajada, alivia al gobierno de Mas y le deja gobernar.

Tiene su gracia que el PP, que fue aislado de forma explícita y grosera años atrás, se convierta, por la aritmética, en soporte del Gobierno, sin demasiadas explicaciones, a pesar de dos horribles antecedentes: el acta notarial del jefe de CiU, Artur Mas, precisando que no pactaría con el PP y del llamado Pacto del Tinell que abrió la puerta al tripartito con el compromiso añadido de excluir a los populares.

En política la prescripción funciona según las necesidades, con plazos breves. CiU necesita los votos del PP y se puso a ello; y el PP acepta porque el gesto permite escenificar que son una fuerza política que cuenta, que influye. Pura liturgia, gestos que gratifican a quien les hace.

Llama la atención que el acuerdo CiU/PP o Gobierno catalán/grupo parlamentario popular en Cataluña, necesitara de las salas de un hotel para alcanzar el acuerdo de madrugada y del que se han dado pocas explicaciones. Mucho arroz y poco pollo; ¿no hay despachos, salas, espacios públicos para negociar sin recurrir a un hotel discreto y lujoso?, ¿no hay horas durante el día para alcanzar acuerdos sin incurrir en nocturnidad? Extravagante, disparatado, incluso sospechoso.

Lo que el PP catalán ofrece al Gobierno de Mas es una abstención; poco precio para un buen resultado. Además el PP exigió propinas populistas (retrasar y matizar la subida o imposición de algunas tasas) para poder exhibir su influencia. Mucha liturgia y poco contenido. La cabeza de lista del PP lució su mejor sonrisa en la conferencia de prensa para explicar sus bazas. Consiguió la foto. Y los del Gobierno convergente se conforman con la abstención del socio y adversario, que les permite sacar adelante el Presupuesto aunque sea con algún incómodo recorte para la propaganda.

Detrás de todo hay poca sustancia, mero ejercicio de poder y apariencia que muestra la peor cara de la baja política, precisamente cuando los ciudadanos reclaman más seriedad, profundidad y compromiso. Nadie engaña a nadie, juegos de salón que dejan indiferentes a los ciudadanos cada día más escépticos y distantes ante tanto artificio.

fgonzalu@nebrija.es