Reforma laboral de calado, pero mal explicada

El Rajoy I, el plan fiscal aprobado a final de año, por un Gobierno casi sin estrenar, acreditó que Rajoy es flemático, resistente, pero también decidido. Aprobó una subida de impuestos de las que quitan el hipo. El Rajoy II, el siguiente paquete reformista, fue menos espectacular, y el Rajoy III, la reforma financiera parece un quiero y no puedo, aunque con gotas radicales notables como el ajuste de retribuciones a los directivos, que a más de uno le ha dejado escocido (con amigos así…para que enemigos). Lo que quedó claro es que este Gobierno no se anda con contemplaciones cuando quiere.

Este fin de semana llegó el Rajoy IV, la reforma laboral, con espíritu radical, al toro por los cuernos. El extenso decreto ley publicado en el BOE del sábado (64 páginas) impone reformas de mucho calado que pueden dibujar otro perímetro para las relaciones laborales, desde la contratación a la rescisión, y sobre todo en la negociación colectiva y la fijación de las condiciones de trabajo.

La versión inicial que proporcionó la ministra de Trabajo, con introducción de la vicepresidenta, fue un aperitivo muy matizado, muy pobre, del contenido del decreto. Explicaron con torpeza una reforma muy importante, la más relevante de las abordadas por el Gobierno hasta ahora, con un notable impacto en los mercados o en Europa. Estaba enterado el ministro Guindos cuando informaba al oído del comisario Olli Rehn que se trata de una reforma “extremely aggresive”.

El mapa laboral español cambia con esta reforma, para introducir flexibilidad en las relaciones laborales y devolver autoridad a los empleadores. Los efectos de la reforma son difíciles de estimar, a corto plazo puede incentivar la destrucción de empleo, pero a medio y largo plazo puede elimina buena parte de las restricciones a contratar y abrir una nueva y fértil etapa de crecimiento de empleo.

Si el Gobierno cree en lo que ha hecho, debería ser más beligerante en la defensa del decreto, explicar más y mejor, buscar complicidad social y no dejarse embaucar con las monsergas del recorte de derechos sociales. No hay mayor recorte que 5,5 millones de personas en el paro y con pocas perspectivas de salir de él.

Los sindicatos se han quedado atónitos, esperaban algo, pero no tanto. Tienen tantos motivos para enojarse, para movilizarse que han optado por ir paso a paso, con cautela, midiendo sus decisiones y su fuerza. Por muchos menos convocaron varias huelgas generales durante los últimos treinta años. Ese riesgo debe ser uno de los argumentos que han llevado a Rajoy a doblar la apuesta e introducir en el decreto casi todo el repertorio pendiente desde hace años.

En la oposición también se nota asombro, la respuesta es de oficio, poco relevante, no van más allá de la agenda oculta y las promesas incumplidas. Los socialistas tuvieron sobre la mesa durante años todas esas medidas, más o menos matizadas, incluso muchos de ellos sabían que había que hacerlo, pero les faltó el coraje personal y político que tuvo el canciller Schröder en Alemania con su “agenda 2010 para el crecimiento y el empleo”. Aquel proyecto lanzado en marzo del 2003 fue decisivo para la recuperación de Alemania, aunque mandó a la oposición a los socialdemócratas.

Si Rajoy acierta a gestionar esta reforma puede evitar el fenómeno Schröder (el impacto electoral en el SPD) y conseguir un impacto efectivo de la reforma en el empleo. La economía y la sociedad española necesitan flexibilidad, y el decreto aprobado el viernes, con algunas mejoras que se pueden introducir en el Parlamento puede ser una “agenda 2015″ que lleve a superar la cifra de 20 millones de ocupados que colocarían a la economía española en el futuro. Pero hace falta que el Gobierno se lo crea y acierte a explicarlo. Por ahora no lo han hecho, a pesar de tanta cabecera entregada y más que amiga. Explicar bien requiere salir de la propaganda y entrar en el razonamiento y la pedagogía.

fgonzalu@nebrija.es