Chacón, ¿estrella fugaz o volverá?

Carme Chacón se quedó a 22 votos de la meta, resultado insuficiente que la manda a la reserva. Antes se frustró su aspiración para liderar la lista socialista en las pasadas elecciones generales, cuando los mismos que la animaron la cerraron la puerta antes de empezar. La comparecencia para anunciar su retirada de algo a lo que nunca anunció que concurriría, no fue brillante, pero se echó al olvido, todos pasaron página en seguida. Su discurso ante los compromisarios y electores socialistas el pasado sábado tampoco pasará a la historia del pensamiento socialista, ni a la de la retórica. No es posible medir si el discurso sumó o restó votos, hay opiniones para todos los gustos, pero ningún dato fiable.

No es probable que el millar de electores se deje entrevistar para investigar las motivaciones de su voto y poder sacar conclusiones. De manera que la hipótesis de que Chacón perdió la elección esa mañana con ese discurso, es tan válida como que se trató de esfuerzo inútil, que los votos estaban echados.

El caso Chacón es interesante, cuarenta años, intenso currículum político tras cinco años en el Gobierno, doce en el Parlamento, un rato en un Ayuntamiento, y 25 años de militancia, con dedicación exclusiva más de la mitad. Al margen de la política, en lo profesional solo unos pocos años enseñando derecho constitucional en la universidad de Gerona durante el período, no completado, de doctoranda en la materia.

Con ese bagaje, poca obra ningún callo de negociación y gestión, Chacón consiguió el 48% de los votos de los congresistas. Algunos pretenden que perdió porque Ferraz se afanó en ello. Pero no está claro, tuvo tanto apoyo como su adversario, por eso llegó casi a la meta. Nos quedamos sin descubrir el libro Chacón, lo que hubiera dado de sí como jefa de la oposición en un partido disminuido. De Rubalcaba sabemos casi todo, su obra es extensa, de Chacón sabemos poco, más allá de que ha hecho una carrera bien calculada, que no es poco.

Los datos son contundentes, alcanzó el 48% de los votos, tuvo a su lado pesos pesados del partido que le acompañaron en la travesía (más de medio gobierno de Zapatero) pero una vez abiertas las papeletas el ganador ha organizado su ejecutiva, a su manera, con baja inclusión de derrotados, para obtener el 80% de esos mismos votantes. Llama la atención el ruido en torno a si la nueva ejecutiva es inclusiva o no de los perdedores, especialmente los comentarios de quienes nunca incluyeron a sus adversarios. No creo que sea cierto que Chacón exigió a Rubalcaba su 48% en la ejecutiva, demasiado simple, demasiado extravagante.

Rubalcaba apenas ha tenido tiempo de disfrutar de esos 22 votos decisivos, (¿victoria pírrica?) y ya le advierten que tendrá contrincante en las primarias del 2015 para encabezar la lista socialista en las generales. La guerra interna en el PSOE, el postzapaterismo y postfelipismo no van a dar tregua, aunque ambas familias huelen a pasado sin futuro. A Rubalcaba le toca jubilar, definitivamente, a los del 1982 y desactivar a los radicales del 2000. Pero sobre todo tiene que dar cuerpo a los nuevos, aunque ¿hay nuevos?

Y entre las tareas urgentes queda Andalucía y Cataluña, los dos graneros que sustentaron las victorias socialistas, que han dado la espalda al nuevo secretario general. El caso catalán, el futuro del PSC, está en la primera línea de la lista de preocupaciones de Rubalcaba. Quien ha llegado más lejos que nadie en la desactivación de ETA, tiene en su mesa otro de los problema permanentes, los de conllevar. Rajoy y Rubalcaba necesitan bastantes conversaciones para gestionar su caso Cataluña. Por el bien de ambos y de todos. Y en cuanto a Chacón, me parece que es pasado y que sus seguidores se irán diluyendo con el paso de los días, más pronto que tarde.

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