El Gobierno homenajea al periodismo

Confieso que me ha abrumado EL Mundo con ese reportaje de ministros y autoridades presentes en la entrega de unos merecidos premios a colegas de mérito. No he sabido muy bien si sentirme orgulloso de pertenecer a esta profesión o proceder al abandono inmediato y retiro a la cartuja más alejada. ¡Siete ministros, siete, presentes!, ¡discurso de la vicepresidenta loando al periodismo!, y entre los que atendían el presidente del Congreso, el del Consejo del Poder Judicial, la Defensora del Pueblo, tres presidentes autonómicos (o más), la alcaldesa… y todos homenajeando al periodismo.

Ya me pasó con las tomas de posesión de los nuevos ministros y altos cargos, que proyectaban un retorno a un pasado donde la influencia se medía por la intensidad y duración de los aplausos y el número de uniformados asistentes. Tampoco es baladí la unidad de medida del número de “coches oficiales” concentrados por eventos, o la intensidad de los abrazos y la calidad del aperitivo.

Me pregunto si en un acto profesional pinta algo tanto cargo, que tiene acreditado su desdén por los periodistas a los que utilizan o maltratan. Ocurrió otro tanto meses atrás con los premios Ortega y Gasset que propiciaron que el presidente del Gobierno y el jefe de la oposición coincidieran en sitio y hora para ser reconvenidos por quien les había invitado. Un acto periodístico dominado por coches oficiales, altos cargos y ejercicios de simulación o cinismo, apariencia de un poder amenazante.

Cuando el éxito de un acto se mide por el número de ministros asistentes, que habitualmente no tienen nada que ver con lo que se celebra, ocurre como en el comentario cruel del pobre y la merluza, algo está mal o todo está mal.

Que los medios informativos necesiten el apoyo del Estado, es decir del Gobierno, es asunto discutible al que merecería dedicar algunos debates serenos y de fondo. Pero que este asunto se concrete en una celebración con mucha gente y algunos discursos de oficio, con otro objeto trivializa y desconcierta. Me pregunto ¿Qué pensarán los clientes, los lectores? Sospecho que tiene sentido crítico que les lleva a recelar de este tipo de eventos que tienen difícil explicación en una etapa de recortes, ajustes y de mucha inquietud por el futuro.

Las tomas de posesión de los nuevos altos cargos con interesados y deudos mezclados en una especie de feria de vanidades y favores trasladaba una imagen decadente, nada democrática, de escopeta nacional. Estos actos confusos que solo se reflejan en un medio para mayor gloria (o no) de algunos, indican déficit de criterio, atolondramiento, mal gobierno.

Pero quizá estoy completamente equivocado y estos actos, con tanto ministro “homenajeando el periodismo”, forman parte del tratamiento salvador, que la empresa convocante hoy es más sólida, más rigurosa, más querida por sus clientes, que ayer. En cualquier caso, cuando “el Gobierno homenajea al periodismo” algo debe andar mal, o el uno o los otros. O quizá es que todo está mal.

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