Rajoy optó por lo más fácil, poco riesgo

Forzado por el clima, por las circunstancias, el presidente del gobierno rectifico a su vicepresidenta y no aguardó a final de mes para comparecer en público y responder preguntas. Tenía varias opciones y elogió la de menos riesgo, la más oficial, una entrevista lineal, con pocos titulares, que puede recorrer todos los medios sin molestar a ninguno, pero que sirve para evitar críticas inapelables. No se puede decir que el presidente oculte su cara y voz a las cámaras, ni que no acepte preguntas: respondió a las que le planteó el presidente de la agencia EFE.

De la entrevista salen pocos titulares, poco más allá de “no tuve opción, subí los impuestos” y “no tengo previsto subir el IVA”. Lo primero es una excusa débil, y lo segundo una hipótesis revisable con el argumento, “no tengo otra opción”. El formato elegido recuerda los habituales en el régimen (no el Gobierno) anterior, con la agencia EFE asumiendo el papel obediente, inevitable, de agencia oficial, neutral. No era la mejor opción pero si la de menos riesgo. El presidente dijo lo que quería decir, y punto.

Había otras opciones. Una era ir al periódico de más tirada, el más influyente y más hostil, el que ha entrevistado a cara de perro al Rajoy líder de la oposición y candidato con más posibilidades de ganar, el diario que le jugó alguna mala pasada con los titulares. Era una opción con riesgo, pero jugada con audacia podía proporcionar credibilidad, autoridad. Menos arriesgado hubiera sido buscar la amabilidad del periódico de Barcelona, sereno, amable, profesional y buena coartada para evitar el avispero madrileño. Y finalmente quedaba la opción de los otros dos diarios de cabecera de Madrid, “El Mundo” y “ABC”, pero no es el momento de elegir entre ambos, Rajoy prefiere mantener cierta ambigüedad y un afecto aparente y calculado, pero sin olvidar.

Rajoy ha evitado el dilema de la gran prensa y prefiriendo la entrevista oficialista. También tenía la opción de recurrir a la radio o la televisión, con muchos pretendientes que garantizan audiencia, incluso un poco de espectáculo y siempre amabilidad. Pero el árbol de decisión presentaba demasiadas ramas y pocas ventajas.

Una buena opción hubiera sido volver al estilo de la etapa UCD, entrevista en la televisión del Estado con varios entrevistadores de distintos perfiles y con profesionalidad acreditada. Con ese formato conocimos el mejor Felipe González, el del titular “que España funcione”. Pero los siguientes presidentes no han probado el modelo (una vez se aproximó a él Zapatero, aunque con un resultado blando, blando) por demasiado arriesgado.

En realidad Rajoy espera poco de los medios, les ve más como riesgo que como oportunidad. Su modelo es de hechos consumados, despotismo de mayoría, con explicaciones de baja intensidad, como las que dio por la mañana el ministro de Hacienda en ese debate de trámite para convalidar el decreto del 30 de diciembre que sube impuestos sin pasar por el trámite de una ley de verdad.

En resume, poca épica, ninguna emoción; mucho cálculo de riesgos para buscar el camino más sencillo sin oportunidades ni peligro, con mucho aburrimiento.

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