¿Cuándo y cómo reaparecerá Rajoy?

El jefe del Gobierno ha optado por la prudencia del segundo plano, por el principio clásico de que en boca cerrada no entran moscas. A la vicepresidenta le ha tocado hacer los primeros gestos explicativos de la acción del Gobierno secundada por los ministros concernidos que han hecho un papel razonable con algunas descoordinaciones de principiantes. Nada importante, por ahora. El Gobierno goza de bula inicial, crédito acumulado en estos primeros compases.

El presidente pretende reaparecer en la tribuna del Parlamento a fin de mes, con cincuenta días de ejercicio del cargo acumulados, cuando tenga tomadas las medidas de la casa y del empleo. Lo hará con el argumento de explicar a la Cámara el contenido de la Cumbre Europea, primera a la que asistirá como presidente del Gobierno de España.

Mañana los diputados reaparecen por el Parlamento para convalidar el decreto del pasado 30 de diciembre que impone el mayor ajuste presupuestario de la historia (según señalan sus autores) con recortes de gasto de hasta 9.000 millones y aumento de impuestos por otros 6.000 millones. El otro gran ajuste del Gobierno anterior, el célebre tijeretazo de mayo del 2010 (11.00 millones), cuando el presidente Zapatero se enteró del abismo que podía abrirse a sus pies, mereció la comparecencia y explicaciones del presidente, que no tenía asignada la presidencia de la comisión delegada de Asuntos Económicos aunque la ejercía de hecho.

Rajoy tiene toda la responsabilidad, incluso la audacia de desdecirse de sus promesas a la primera oportunidad, pero deja las explicaciones a sus subalternos. Es un estilo, coherente con la estrategia de ocho años en la oposición; por ahora no desacertado ya que mantiene intacta la confianza de los electores, que siguen achacando a Zapatero los males presentes y le endosan la “horrible herencia recibida”.

Cuando pintan bastos, como ahora, no hay estrategia de comunicación que merezca aprobación. Por eso las críticas a la comunicación del Gobierno son de oficio. Incluso la descoordinación puede achacarse a inexperiencia o a los riesgos y tropiezos de la novedad. El Gobierno carece ahora de dificultades, máxime cuando la oposición está a lo suyo, con lo que ya tiene bastante.

Pero empiezan a definirse líneas de preferencia. Por ejemplo la primera entrevista de fuste de un ministro con tarea, Luis de Guindos, ha salido en el Financial Times, y ha conseguido un editorial favorable que viene muy bien al relato que el gobierno quiere trasladar a Bruselas y a los mercados.

¿Cuáles serán los medios, diario escrito, cadena de radio y de televisión, que disfrutarán del primer cara a cara con Rajoy? Los jefes de redacción trabajan esa “primicia otorgada”, más incluso que otras tareas más engorrosas. El dedo del poder tendrá que administrar con tino sus preferencias para agradar a algunos y no irritar a otros. El gobierno Rajoy tiene muchos amigos, de siempre y sobrevenidos, en los medios, que esperan mucho del poder y a los que no será fácil tener contestos.

Rajoy tiene acreditado que los medios le preocupan lo suficiente, es decir poco; pero no tanto sus colegas de partido y gobierno que dedican muchas horas y confidencias a complacer a periodistas para que les traten bien en sus medios. El Gobierno goza de muy buena prensa, la mejor posible, pero ya se sabe que el elogio siempre es insuficiente y la crítica se percibe como injusta, interesada y miserable. Rajoy sigue silente y tratará de aguantar todo lo posible, y a la hora de repartir presencias aplicará un criterio salomónico porque cada día tiene su afán. Quienes esperan que Rajoy puede salvarles, van apañados. Ni puede ni probablemente quiera.

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