Subidas del IRPF con relato complicado

Algunas de las medidas adoptadas por el gobierno el viernes para reducir el déficit dan la sensación de que buscan coherencia con lo que el PP defendió cuando era oposición, más que con su pertinencia para hacer frente a los problemas. Y otras tiran por la borda promesas contundentes de la campaña, especialmente que “el PP no sube los impuestos”. El argumento de que el déficit va a ser mayor del esperado es insuficiente para justificar el volantazo de una subida generalizada (aunque sea por dos años) del IRPF. Y el argumento de la progresividad, en boca del liberal Montoro, suena a excusa de mal pagador.

La progresividad del IRPF español es notoria: el 4% de los declarantes (base imponible superior a 60.000€), que significan el 18% de las bases imponibles declaradas, aportan el 36% de la recaudación del IRPF, casi 23.000 millones de los 63.000 devengados. Aumentar la presión fiscal a esos declarantes (una subida del marginal entre 4 y 6 puntos) puede ser un camino rápido para recaudar, pero tal y como el señor Montoro ha explicado en sus clases y en sus discursos, puede llevar a la ineficiencia.

Llama la atención que una medida tan contundente como esta no vaya acompañada de un programa llamativo, para atajar el fraude fiscal. El gobierno Monti lo ha hecho como acompañamiento (y excusa) al aumento del IVA. Al Gobierno Rajoy parece que se le olvidó este asunto del fraude fiscal. Su resistencia a manejar el IVA en vez del IRPF también debe tener algo que ver con sus posiciones en la oposición cuando criticaron al Gobierno por subir dos puntos el IVA. Pero tan malo para el consumo es aumentar el IVA como incrementar las retenciones en las nóminas. Puestos a elegir el mal menor quizá sea menos malo actuar sobre el IVA que sobre la masa salarial. Además introducir progresividad en las rentas del ahorro es volver a un pasado complicado. Cuando habría que ir hacia tipos planos, efectivos, poco litigiosos, generalizables (lo cual es la doctrina de la gente que rodea y apoya al PP) resulta que van por el camino contrario.

Llama también la atención que recuperar la deducción fiscal a la compra de vivienda (medida criticada por todos los expertos) venga acompañado de un aumento de los tipos del IBI. Lo que entra por un lado sale por otro. El relato parece poco construido o mal construido. El argumento de que es urgente estimular las ventas de viviendas es insuficiente. La medida solo se explica por sostener lo que defendió el PP en la oposición, más por llevar la contraria al gobierno socialista que por coherencia con sus postulados fiscales. Fue el PP, con Rato y Montoro al frente, el que afeitó la deducción fiscal por adquisición de vivienda; los socialistas dieron otra vuelta de tuerca. Y ahora el PP da marcha atrás con explicaciones poco convincentes.

En resumen, un Gobierno decidido a hacer ajustes y reformas, pero con un relato de propósitos que tiene contradicciones, que no está suficientemente explicado.

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