Austeridad y ejemplaridad, ¿quién, cómo…?

Mariano Rajoy habla poco, desde que está electo menos, y cuando habla no dice mucho, así limita el margen de error. E incluso cuando habla pasa mensajes que tienen poco relevancia, quizá por falta de concreción. Esta semana avanzó los primeros nombramientos ante la junta directiva del partido y añadió un mensaje adicional de fondo no suficientemente destacado. Pidió a los suyos, especialmente a los que van a recibir cargos, austeridad, ejemplaridad, moderación. Austeridad en el uso de los recursos públicos, pero también en la ostentación privada.

Los socialistas de Felipe González, cuando andaban con aquello de “cien años de honradez…” a mediados de los ochenta, se deslizaron muy pronto hacia la ostentación, tanto que el vigilante Alfonso Guerra advirtió que las vacaciones de botijo y pañuelo de cuatro nudos a la cabeza. No le hicieron ni caso, ni siquiera él siguió su consejo, y pocos años después se encontraron con un desastre que acabó mandándoles a la oposición por méritos propios y a una crisis profunda de la que solo salieron por deméritos de su adversario.

El mensaje de la austeridad y la ejemplaridad hoy va de suyo, entre otras razones porque los recursos son escasos y las oportunidades de malgasto o gasto ostentoso menores. Era más difícil resistir la tentación en la etapa de crecimiento y gasto sin tino, cuando demasiada gente se creyó rica para la eternidad.

Desde la Zarzuela, el príncipe y el Rey, emiten también estos días en la misma onda de austeridad y ejemplaridad. “No ha sido ejemplar” el yerno del Rey, reconocía una nota oficial de la Casa Real para irritación del abogado del yerno que no acertaba a encontrar el artículo del código legal que alude y define la ejemplaridad. Mala estrategia se propone el abogado si en este caso busca normas positivas en vez de criterios rectos de comportarse.

El caso Urdangarin es demasiado llamativo por lo que arrastra y compromete; se dieron cuenta demasiado tarde del camino del personaje y cuando el pusieron límite era demasiado tarde, los daños estaban hechos y las posibilidades de que no estallaran eran bajas. Entre otras razones porque los coadyuvantes del desafuero, los políticos ostentosos y gastadores están en el ojo del huracán y tienen que dar cuentas de sus actos.

El mensaje de Rajoy es oportuno, práctico e inteligente, pero tiene que ir más allá de una declaración de segundo orden que solo llega a algunos subtítulos, tiene que aterrizar en gestos concretos e indicativos.

Austeridad y ejemplaridad forman parte del recetario para salir de la crisis.

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