La conciencia “tranquila” del presidente de la CAM

El antiguo presidente de la CAM (la caja de ahorros alicantina) una de las más desastrosas en esta racha, ha declarado que tiene la “conciencia tranquila”. Dicen que es persona de convicciones religiosas, que goza de la confianza de su obispo, que, en su día contó con el apoyo de las autoridades de la Comunidad para ocupar un cargo para el que reunía pocas condiciones, cabe preguntarse si tiene conciencia o de qué tipo de conciencia es la suya.

Cuando se historie esta crisis, pasadas unas décadas, con datos y consecuencias conocidas, una de las características de la misma tendrá como referencia la manifiesta irresponsabilidad de los actores y muy especialmente de banqueros y supervisores. El presidente de Lehman Brothers (Dick Fuld, apodado el “gorila”) no ha asumido culpabilidad por haber llevado a la quiebra a la entidad que dirigió con mano de hierro y malos modos y mantiene también la “conciencia tranquila”. Y como este muchos de los que han llevado a sus empresas a la ruina por mala gestión mantiene la conciencia aparte del problema y no se han recatado a la hora de las indemnizaciones.

El arrepentimiento viene después de la conciencia, sin conciencia no hay culpa y no cabe el arrepentimiento. Además como desde la sociedad y desde el Estado se exigen pocas responsabilidades, no queda espacio para la culpa. El señor que arruino la CAM, probablemente por dejar hacer más que por sus propios actos, considera que no lo hizo tan mal, que es víctima de las circunstancias.

Y no es el único caso, no es excepcional; lo habitual es que los malos gestores (que son muchos) arruinen a los demás pero ellos salgan bien librados del desastre, sin poco más que algunos tropiezos con personas que les reprochan su comportamiento. La exigencia de responsabilidad es excepcional, procede con lentitud y no sirve para desincentivar esos comportamientos en el futuro.

Se extiende un modelo laso, de baja exigencia, cuando los problemas son graves, con consecuencias, alguien viene a solventarlos con el argumento del riesgo sistémico, que funciona como bula para los malos gestores. Los mecanismos de seguro inventados por los propios bancos han producido efectos contrarios a los previstos, en vez de reforzar la seguridad han alentado el riesgo, la aventura.

Para el futuro convendría preparar un análisis de la conciencia de los gestores con objeto de no habilitar a los que carezcan de ese sentido imprescindible para quienes tienen encomendada la tarea de evaluar los y evitar los riesgos. El presidente de la CAM, como los de las otras cajas quebrantadas, tiene que tener conciencia, y además sentir culpa, porque todos esos gestores y administradores son culpables de una actuación desastrosa.

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