Miércoles europeo: esperando a Godot

Manda Alemania, manda Merkel, pero no manda lo suficiente. Sarkozy secunda a los alemanes, pero va a rastras. Y los demás socios se someten o resisten según convenga a sus intereses locales. En resumen liderazgos débiles, de baja intensidad, dificultades en el diseño, en la explicación y pobres resultados, para desesperación de los europeos y también de los demás socios, aliados y competidores, que sufren también por la confusión que domina a países que representan el 25% del PIB del mundo, la mayoría con el euro como moneda de referencia.

Europa, la del euro y la otra, está sumida en una crisis de deuda, pública y privada, que produce problemas de credibilidad. Y sobre todo, padece una crisis de crecimiento (es el área del mundo que menos crece) que agudiza el primer problema, el de la credibilidad en los mercados financieros. Como corolario de la crisis aparece la bancaria, de perímetro incierto, pero que complica todo lo demás, porque en economías muy desarrolladas, las europeas lo son, cuando el sistema financiero se bloquea todo lo demás se complica. Sirve aquí aquella frase más o menos manipulada de que cuando la General Motors estornuda los Estados Unidos se constipan.

Y como herida abierta y sangrante aparece Grecia, un país que no debió subirse al euro porque no cumplía los requisitos exigidos. Hicieron la vista gorda y de aquellos polvos vienen ahora los lodos para los griegos y para los demás europeos.

Los Europeos del euro, con permiso de los que no forman parte de la moneda única, tienen que resolver de una tacada varios problemas que se realimentan: primero el futuro de la deuda griega que hay que condonar en parte y refinanciar el resto. Simultáneamente hay que consolidar el sistema financiero, complicado por la deuda griega y otras deudas públicas problemáticas, pero también, y sobre todo, complicado por errores en la apreciación de riesgos, víctimas de su creatividad y de su codicia.

Conjugar ambas soluciones tiene como corolario desplegar una política monetaria y presupuestaria concertada que choca con un sistema de gobierno del euro manifiestamente ineficaz. El BCE tiene una función clara, pero es insuficiente para garantizar la estabilidad del euro. El nuevo Fondo de Estabilidad Financiera debe completar la caja de herramientas de la política monetaria, pero no hay acuerdo ni sobre su dotación ni sobre las competencias.

Los gobernantes europeos están emplazados, se han emplazado, para dar respuestas a todos estos problemas mañana, en una cumbre extraordinaria de jefes de gobierno que supone una segunda oportunidad a los acuerdos de julio que ni sirvieron ni se han materializado hasta ahora. Mañana es uno de esos días en los que la Unión Europea da cuentas de su utilidad y eficacia.

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