Los bancos europeos en la parrilla

Los bancos europeos están que trinan ante las exigencias de la Comisión Europea para una recapitalización forzosa como consecuencia de un inminente aumento del coeficiente de garantía (recursos propios sobre activos totales) y una valoración a la baja, más exigente que la actual, de las carteras de crédito y especialmente de las carteras de deuda pública. Antes debió hacerse algo semejante, se hubieran evitado males mayores. Pero ahora los banqueros estiman que el regulador se está pasando dos pueblos.

Estos días los banqueros españoles han salido a los medios, algo poco frecuente, que indica estado de ansiedad y preocupación. La pretensión de provisionar hasta un 20% de las carteras de deuda italiana y española dispara las alarmas. La banca española tiene en sus balances algo más de un cuarto de billón de deuda española, la de otros países es poco relevante, de manera que devaluarla un 20% significa una factura directa de unos 50.000 millones.

Los banqueros españoles consideran que esa cautela carece de fundamento, que sus carteras de deuda española son estables, la mayor parte de la misma para amortizar a su vencimiento y que una provisión semejante es un exceso de cautela.

Además si el objetivo es recapitalizar las entidades, en última instancia con recursos públicos que procederán de nuevas emisiones de deuda soberana (ningún estado europeo dispone de superávit) cuya solvencia sufrirá con la devaluación previa que tiene que financiar después. No les falta razón a los banqueros aunque su queja es manifiestamente interesada. Además como se produce en uno de esos momentos de bajísima reputación, tendrán que recurrir a las relaciones discretas para tener influencia.

El problema es que mientras los bancos no funcionen correctamente, mientras los mercados interbancarios no se normalicen, mientras los clientes no encuentren financiación regular en cantidad y precio…  no es posible la recuperación. La Comisión Europea se propone embridar el rescate griego con más fondos y quitas del 50%; además constituir y dotar el Fondo de Estabilidad comprometido en el Consejo de julio y empujar a los bancos a recapitalizarse a la fuerza, en el mercado o con recursos públicos.

El problema no es tanto el plan en sí mismo cuanto las dudas que suscita. No han entrado en los detalles y ya se amontonan las críticas que forzarán ajustes, cambios y retrasos. Van ya más de tres intensos años de crisis y son muy pocos los problemas resueltos. La situación tiende a emporar y se cumplen las peores hipótesis. Hay que normalizar los bancos con inteligencia y autoridad y estos tienen que dejarse normalizar o hacerlo por sus propios medios.

Durante las próximas semanas los bancos europeos van a tener que tomar decisiones importantes que afectarán a sus accionistas y a sus clientes, si son acertadas, pueden sentar las bases de la recuperación; si se fueran equivocadas, algo bastante probable, pueden provocar otra recesión.

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