Las primarias de los socialistas franceses

El sistema electoral francés, mayoritario a dos vueltas, tiene ventajas e inconvenientes; ningún sistema electoral es perfecto. La primera vuelta sirve para apuntar, para descartar, incluso para desperdiciar el voto, y la segunda para concretar. Hay veces que el procedimiento colapsa, por ejemplo cuando el 2002 el derechista Le Pen entró en la recta final frente a Chirac, para decepción y desesperación del socialismo de Lionel Jospin, que quedó tercero y por tanto descabalgado de la carrera.

Desde entonces los socialistas buscan una nueva identidad que les devuelva a la centralidad de la política francesa y a la disputa efectiva de la presidencia y del Gobierno. Sarkozy derrotó con margen holgado a la socialista Ségolène Royal el 2007, que hizo campaña a su manera, con relativa distancia del partido que intentaba liderar y que luego la dejó de lado y la manda ahora el retiro forzoso con un voto irrelevante en las primarias del domingo.

El socialismo francés se presenta ahora ante las presidenciales del 2012 con posibilidades; las encuestas les dan favoritos y la reciente elección indirecta del Senado les otorgó mayoría en la cámara alta, que no sirve para gobernar pero si para hacerle la vida más difícil a Sarkozy y a su gobierno.

En su camino al triunfo los socialistas han ensayado estos días con el modelo electoral francés, aplicado sobre el modelo norteamericano de primarias, la selección del candidato con voto secreto y abiertos. Un desfile de modelos para que cada candidato exhiba sus respectivas gracias.

Al socialismo español las primarias les salieron más mal que bien; aplicadas entre militantes de carné, con votación en cada agrupación, voto secreto, el resultado ha sido confuso, batallitas internas que dejaron a todos más debilitados; por ejemplo en el caso de Madrid. Los franceses apostaron por un sistema más abierto, a la americana; con votantes que deben inscribirse, firmar una declaración de simpatía con las ideas del partido y pagar un euro para financiar la operación. El sistema es sugestivo por cuanto limita la arbitrariedad de la cúpula del partido y la influencia de los dirigentes.

Hasta seis pretendientes han optado al liderazgo socialista para que finalmente queden los dos que contaban, los que encabezaban las encuestas, dos dirigentes clásicos, aristocracia del partido, que el domingo serán calificados ganador(a) y perdedor(a) con el voto de dos millones de simpatizantes. Dos candidatos con dos propuestas diferenciadas que parten ahora casi empatados. A los socialistas franceses las primarias les han ido bastante bien, han mejorado sus expectativas y han trasladado una idea de partido más abierto, más moderno, que sus adversarios. No han ganado las elecciones, pero han mejorado su posición con una medicina sencilla: el bálsamo de un poco de democracia interna.

El sistema mayoritario a dos vueltas pudo ser una opción para España en 1977. Hoy sería más denostado aun que el sistema actual, las minorías estarían laminadas, arrinconadas y sin posibilidades. Pero suele ocurrir que gusta más lo ajeno discutible que lo propio mejorable. En cualquier primario este sistema de primarias en el socialismo francés les ha ido bien, incluso pudiera ser que la señora Aubry llegue a presidenta.

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