El viacrucis de las cajas, 3ª estación

El Gobernador del banco de España se vistió de sereno optimismo para informar del estado de la cuestión del sistema financiero y especialmente de las cajas de ahorro. Aparentemente todo está bajo control, todo va conforme a lo previsto, complicado pero en hora, en orden. Que así sea señor gobernador, pero quizá es que no, que no va tan bien, que no hay tanto control.

Que la Caja del Mediterráneo era “de lo peor de lo peor” no era nada nuevo; se sabía desde hacía meses, años. El olor que desprendía su balance era nauseabundo, como lo era el de la caja manchega, la cordobesa, y otra docena que no detallo, pero que están en todas las listas. Y la cirugía ha tardado en llegar y no ha llegado al fondo.

Lo de los olores sospechosos es poco científico, insuficiente para armar expedientes, pero imprescindible para supervisores que quieran hacer bien su trabajo, evitar lo “peor de lo peor”, y actuar al primer “peor” percibido. Las armas del supervisor no sirven para extrañar los irresponsables, los sinvergüenzas o los incapaces, pero son contundentes para actuar cuando huele demasiado mal.

Una estrechísima vigilancia de la CAM (y de las otras entidades desastrosas) era posible y muy recomendable desde hace años. Además no son entidades sistémicas, de esas que si se caen producen males mayores. Más bien eran casos que pudieron servir de ejemplo y de aviso a navegantes.

No deja de tener su gracia que sean las entidades más vinculadas a los gobiernos autonómicos, las patriotas de hojalata, las más politizadas (gallegas, castellanas, valencianas, catalanas) y menos profesionalizadas las que van al desastre. A la hora de recapitalizarlas ningún gobierno autonómico pone algo, a pesar del incumplimiento de sus responsabilidades de vigilancia, que las tienen y que las han reclamado y utilizado a la hora de colocar directivos, consejeros, de exigir favores y apoyos. Pero no poner nada no evita que argumenten la territorialidad como un bien superior y reclaman poder en la nueva situación.

El 30 de septiembre cumplió un plazo del doloroso viacrucis de las cajas con el resultado de cuatro nacionalizaciones que afectan a casi el 20% del sector; decisiones inevitables, no hubo opción salvo la quiebra, que no resuelven el problema de fondo, que solo cambia de pista. Hasta superar la crisis quedan aun varias estaciones del vía crucis. Además otras dos cajas (otro 10% del sistema9 o agrupaciones de cajas tienen un plazo extra de 25 días para recapitalizarse. No debe extrañar que desde el FMI alguien proponga un asesor externo que evalúe la situación del sector a la vista de tantas idas y venidas y tantos plazos revisados.

fgu@apmadrid.es