Cuentos chinos de campaña y cuentas públicas

La campaña electoral va de oficio, interesante, incluso irritante por su poco fuste. Los candidatos aprovechan la oportunidad de que forman parte de la agenda oficial (obligatoria) de los para difundir sus consignas, ya que no estamos ante argumentos. Sólo táctica. El debate fiscal es inane, y el presupuestario tramposo.

El candidato socialista pretende que con 2.000 millones de euros más de impuestos (patrimonio y a la banca) puede abordar políticas de empleo, sin reparar que esos dos mil millones no llegan al 1% de la recaudación, una gota en el mar. Y los populares que se sienten ganadores quieren apurar hasta el último voto para lo cual tratan de no molestar, no espantar ningún elector potencial ni tampoco estimular a los indecisos del adversarios, que son millones. Todo es legítimo, pero todo es de fácil entendimiento por los electorales, mucho menos proclives a la manipulación de lo que se imaginan los estrategas a sueldo.

Visto lo visto en los aperitivos de campaña vamos a escuchar cuentos chinos, juegos florales sin contenido ni consecuencia. El candidato Rajoy se va a remitir con frecuencia a un programa para responder las preguntas y el otro candidato intenta estimular a sus decepcionados votantes históricos para mitigar daños. Esta va a ser la campaña más aburrido, triste e inútil de la historia democrática, de manera que no conviene gastar demasiadas letras a la hora de explicarla.

Lo que no son cuentas son la cuentas públicas. Las del estado, que son las que conocen antes, van regular. Recaudan algo menos de lo esperado, y gastan algo más de lo previsto, tanto en lo que afecta a Hacienda como en la Seguridad Social. El cierre de agosto del Estado y la Seguridad Social aporta un déficit de casi el 3% del PIB, al que hay que sumar los números de Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, Diputaciones y cabildos, que anda ya por el 2%, con cifras menos precisas y actualizadas que las del estado. De manera que a cuatro meses del cierre del año el déficit ronda el 5%, y deja margen muy estrecho para el último trimestre.

Al actual gobierno y al próximo debía interesarles mucho que este año el déficit consolidado del estado no supere el 6% (lo comprometido con la UE y con los mercados), para aspirar a bajar del 3% el 2013. Cumplir ese compromiso es importante para recuperar credibilidad y poder financiar la recuperación. No hacerlo supone alto riesgo de deslizamiento hacia otra recesión más penosa que la anterior.

Por eso me llama la atención que ni el martes, ni el miércoles… los portavoces y los líderes dedicaran un solo minuto a las cuentas del Estado, a las matemáticas. Lo suyo son los cuentos y no las cuentas, que pintan mal.

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