Lo que el caso RTVE enseña

El papelón del consejo de RTVE a cuenta de la pretensión de conocer las escaletas y guiones de los informativos ha sido uno de los acontecimientos de estos días. Sobre el consejo ha caído una catarata de críticas y chanzas que les deja a los pies de los caballos, incómodos incluso con sus vecinos de escalera, ante los que deben sentirse mal vistos.

Los consejeros deben andar perplejos ante la catástrofe que sufren, al fin de cuentas sólo pretendían hacer mejor el trabajo que tienen encomendado, es decir cuidar de los intereses personales y de partido de quienes les han colocado. Y para ello les conviene estar al tanto de los contenidos informativos y de sus interioridades y de saberlo pronto, antes de que se emita. No se trata tanto de interferir el trabajo profesional (quizá intimidar) sino sobre todo estar al tanto pronto, por si conviene advertir a sus jefes. Así de cutre, así de sencillo. Lo mismo ocurre en otros órganos institucionales del estado que deberían estar presididas por la independencia, el rigor y la profesionalidad, pero lo están por la disciplina de partido, en favoritismo y algún otro vicio de la democracia.

Pero el problema de fondo no está en los consejeros, sino en quienes les elige. Es curioso que el consejero propuesto por CCOO (aunque nombrado por el Congreso) sorprendido en su buena fe, persona respetable y disciplinada, dimitió ante la dirección del sindicato al que sirve, y no ante el Congreso que le designó.

El problema de fondo no es que los consejeros metan las narices en la escaleta sino que no las meten donde deben hacerlo, en la gestión rigurosa y profesional de RTVE y de los importantes recursos públicos que los Presupuestos de cada año les confían. Pero no es para eso para lo que fueron nombrados, aunque eso es lo que dice la ley: mandato irrevocable y no renovable del Congreso, por seis años, con examen de idoneidad (que fue trámite inútil), a favor de personas capacitadas y con experiencia.

El problema es del que designa, de los partidos. Y la prueba de su irresponsabilidad está en que una vez que Alberto Oliart (y Luís Fernández antes) les mandó al infierno ante la inoperancia y las zancadillas del consejo, el Congreso no ha designado presidente, además de llevar más de un año de retraso en la renovación preceptiva de la mitad del consejo.

Estamos ante una anomalía, una ilegalidad, pero como la comete el Parlamento no pasa nada. Pero no es excepcional, otro tanto ocurre en el Constitucional y ha ocurrido en otros organismos del Estado de importancia.

Los capos de los partidos se apresuraron a descalificar a sus suboficiales del consejo de RTVE; mera apariencia, dejarán que pasen los días y llegue el olvido. El mensaje a la casa está claro, mandan los de siempre, la profesionalización es mero espejismo y ante la campaña electoral en curso…  pocas bromas. Rajoy dijo estos días que quiere una RTVE neutral. ¿Cómo explico a mis alumnos periodismo neutral?