Que paguen los ricos

Decía el maestro Martín Ferrand que este Rubalcaba es un habilidoso escudero que falla cuando se pone al frente del torneo. No es lo mismo empujar que encabezar. El candidato es tenaz, le echa horas, se lee los papeles e incluso, dice, que hace cuentas, que se lleva la contabilidad fiscal a casa para ver cómo ir cuadrando partidas. Resulta un poco ridículo imaginar que el candidato dedica horas a ajustar tipos y bases de los impuestos para encontrar la fórmula ideal; esa es tarea que corresponde a técnicos que presentan a los políticos distintas opciones con sus ventajas y riesgos. No me imagino a Rubalcaba con las tablas detalladas y sus notas a pie de página de los tramos de bases, tipos y cuotas tributarias, para trazar la raya roja a partir de la cual conviene subir o bajar impuestos. Y si me lo imagino me parece que está más perdido que caperucita en el bosque.

El debate a cuenta de la resurrección por dos años del impuesto sobre algunos patrimonios (otros quedan fuera) está siendo lamentable. Filtraciones, insinuaciones, desmentidos, aclaraciones, precisiones, confusiones…para una medida fiscal de corto alcance (afecta al 0,3% de los ingresos fiscales), que sospecho sólo pretende armar ruido, aparentar firmeza y hacer guiños electorales de baja intensidad y poco recorrido.

Detrás de esta operación hay disimulo y juegos florales. Este impuesto sobre el patrimonio fue desde su creación un impuesto nodriza, provisional, para marcar y asegurar el nuevo Impuesto sobre Renta, que llegaba a España con más de cien años de retraso. Un impuesto que se justifica mal, que grava de nuevo rentas que ya pasaron por otros tributos y que constituye una figura tributaria rara.

Si el candidato quería ir a por las rentas de los ricos, que puede ser razonable, debía haber planteado un supertipo (extraordinario, temporal…) en la renta o incluso para las rentas de capital que tienen tipo fijo y favorable, lo cual es más fácil de explicar y de aplicar que esta reactivación del viejo impuesto extraordinario. El ministro de Industria, que debe ser el que más sabe de impuestos del Consejo de Ministros, era contrario a la estrategia Rubalcaba desde el punto de vista técnico y político, pero no le han hecho ni caso. El presidente tampoco lo veía, pero no ha querido desairar al candidato.

En resumen, viaje equivocado que puede fracasar en el Congreso, que si pasa sólo tendrá dos años de vigencia, y que dará unos pocos euros al Tesoro para morir sin pena ni gloria. Desde luego que no es un impuesto de clases medias, pero tampoco un impuesto a las grandes fortunas. Simplemente es una chapuza para aparentar pero que ni siquiera sirve para eso. Otro tanto sirve para las famosas SICAV sobre las que se oyen cosas disparatadas que no tienen nada que ver con la realidad. Por ejemplo que las SICAV son refugio de dinero negro, ¡qué bobada!, todo los contrario son de los productos financieros más transparentes. Se les puede prohibir, someter a más tributación, pero son vehículos trasparentes, declarados y fácilmente investigables.

Pero así es la política actual, de brochazo grueso, de aparentar sin explicar, pocas ideas, menos reflexión, nula consistencia y demasiada táctica ligera, de salón. No se extrañen de que no convencen ni inspiran confianza.

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