Puesto 36 en Competitividad, pero tiene arreglo

Las selecciones de fútbol y baloncesto están entre las tres mejores del mundo; Real Madrid y Barcelona figuran entre los cinco mejores organizaciones deportivas del mundo (con algunas reservas por solvencia financiera) ; Telefónica, Santander, Inditex, Iberdrola, Antolín, Gamesa, Talgo, Abertis, ACS. IESE… están en la lista corta de las diez mejores compañías de sus sectores. Pero España ocupa el puesto 36 en el ranking mundial de competitividad que acaba de publicarse, con mejora de seis puestos respecto al año anterior. Y las primeras universidades españolas ni aparecen en la lista de las cien universidades con mejor reputación. Esto de los rankings hay que tomarlo con cautela, porque se pueden desplegar habilidades para salir mejor en esos concursos d eméritos rellenado bien los cuestionarios o apañando bien las estadísticas para ganar posiciones.

El ranking de Competitividad que, entre otros, elaborara el economista español-catalán Xavier Sala y Martin para el Word Economic Forum de Davos es serio y severo, uno de esos Informes que cuentan. Analiza con rigor doce pilares o referencias que tienen que ver con: las Instituciones, las Infraestructuras, las cifras macro; la Salud y la Educación Primaria, la Educación Superior, los mercados de bienes; laboral y financiero; tecnología; gestión empresarial, tamaño de mercado e innovación.

La puntuación media que alcanza España para ocupar ese poco glorioso puesto 36 es de 4,54, lejos del 5,74 de Suiza que ocupa el primer puesto y del 5,02 de Cora que alcanza el 24, un objetivo al alcance de España a poco que unos cuantos se pongan a ello. Mejorar ese medio punto que supone pasar el corte de cinco es posible, y significaría colocar definitivamente este país en la modernidad.

Los espacios débiles en el caso español son, básicamente, el referido a las Instituciones, que tiene que ver con la madurez de la democracia y que corresponde, básicamente, al estado; al Mercado de Trabajo, que tiene que ver con regulación (asunto del Gobierno) y con la negociación colectiva (tema de los agentes sociales); y con la innovación, que tiene un factor clave en la enseñanza superior, en los incentivos oficiales y en valores sociales que están más allá del Gobierno.