Los impuestos de Rubalcaba

Alfredo Perez Rubalcaba habla en primera persona, compite a cuerpo abierto con las siglas al lado y no por delante. Será una estrategia aunque la figura del político está íntimamente unida al partido en el que ha militado durante cuarenta años y en el que hecho una de las carreras políticas más completas durante 35. A Rubalcaba y a Rajoy les une una extensísima carrera política con cargos y tareas en el aparato del partido y en diversas carteras, casi con ministerios durante ocho años y en dos o tres gobiernos. En teoría se las deberían saber casi todas, aunque a los dos les falta experiencia internacional (han viajado muy poco) y fundamento económico (el uno es de derecho y el otro de química). Carecen ambos también de recorrido en el sector privado donde no han devengado ni una nómina.

Si dibujáramos el retrato robot del mejor presidente del Gobierno imaginable le exigiríamos, dominio del panorama internacional con contactos y recorrido; buen fundamento económico y vida social más allá de la política. Los dos candidatos puntuarían muy mal en los tres capítulos citados. Pero es lo que hay.

El candidato socialista sale a la carrera con manifiesta desventaja, diez o más puntos por debajo y un liderazgo vicario a pesar de las manos que trata de echarle su viejo jefe Felipe González, que por otro lado tiene dicho que Rubalcaba es demasiado enredador y que podría un día rodearse a sí mismo.

Empezó la semana desvelando los dos impuestos en los que ha trabajado estos días y a los que confía una recaudación de unos 2.500 millones de euros al año. Desde el punto de vista presupuestario estamos hablando de migajas, de centimillos. Todo es bueno para el convento pero 2.500 millones no llegan al 1% de la recaudación anual.

El ahorro en gasto farmacéutico que debe suponer la medida de ordenar las recetas con los genéricos más baratos tendrá el mismo efecto financiero si los cálculos están bien hechos y se materializan en la práctica.

De manera que el viaje impositivo del candidato es de muy corto vuelo, sirve para el discurso, pero poco para enjuagar déficit.

Resucitar el impuesto del patrimonio a las rentas altas y recaudar 1.400 millones es más testimonial que efectivo. Y el impuesto a los bancos que vayan bien. Que tiene más pinta de tasa que de impuesto y tampoco tiene mucho recorrido. Como Rubalcaba sabe sumar y tiene sentido de la proporción si hace énfasis en esas medidas es para distanciarse de la tesis de que hay que bajar impuestos, a la que en su día se apuntó, con la habitual ligereza, Rodríguez Zapatero.

Rubalcaba tiene una campaña muy difícil, casi imposible, incluso con un adversario enfrente como Rajoy, poco propicio a ganar. Por eso la aspiración de los socialistas es salir vivos de la prueba y endosar los problemas a sus adversarios para intentar la remontada desde la oposición. Por eso la oferta fiscal es tan modesta, tan aparente, tan pensada para el discurso y no para la gestión.

Además destinar esos 2.500 de nueva recaudación a alentar el empleo cuando las políticas activas y pasivas de empleo cuestan al Presupuesto 40.000 millones al año indica la modestia de la proposición.

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