Exportación, un indicador para la confianza

Entre los problemas crónicos de la economía española la deficiencia exportadora es un clásico. La economía arrastra problemas de ahorro, necesita demasiada financiación externa, y además no ha vendido fuera durante siglos; han sido demasiadas décadas de aranceles y de mercado interior protegido que hicieron conformistas a los productores, que se conformaban con lo cercano y presionaban para cerrar el mercado y obstaculizar la competencia. Durante los últimos cincuenta años, y más en concreto el último cuarto de siglo (el de la integración europea), los aranceles han decaído y la competencia interna y externa se ha impuesto. Ahora todos los mercados de bienes y buena parte de los de servicios están abiertos y todo tipo de oferentes, lo cual se traduce en competencia de precios y calidades, en variedad y en cantidad.

Los mercados energéticos, aunque abiertos, son los que plantean más problemas por una abrumadora dependencia de suministros exteriores para atender el 80% de la energía primaria, especialmente la destinada al transporte, los carburantes salidos del petróleo. Cuando estalló la primera guerra de precios del petróleo (1973) la dependencia energética era del 80% y cuarenta años después, a pesar de las pretensiones de todos los gobiernos habidos desde entonces, la situación es la misma.

Las importaciones energéticas significaron algo más del la quinta parte del total de las importaciones durante el primer semestre del año, con crecimiento del 21% respecto al mismo periodo del año anterior, que se explica por el encarecimiento del petróleo, un factor externo que solo admite una estrategia: reducir la dependencia de ese suministro esencial y para ello hay que ahorrar en los consumos y conseguir fuentes alternativas. A pesar de las inversiones espectaculares en energías alternativas (sobre todo eólicas) la dependencia energética sigue siendo casi insoportable.

Pero los datos de comercio exterior del primer semestre del año ofrece sesgos interesantes, novedades favorables. Las exportaciones superaron los cien mil millones de euros (20% del PIB), y equivalen al total de las importaciones no energéticas. En una coyuntura adversa en los mercados tradicionales para los exportadores españoles (Europa) han conseguido ganar cuota de mercado con crecimiento de dos dígitos en todos los casos.

Incrementar de forma sensible la exportación en todos los mercados, incluidos los de Asia y Estados Unidos, es el mejor indicador de la economía española que invita a la confianza y que indica que el discurso derrotista de la incapacidad para crecer, de las carencias competitivas no tiene fundamento. Hay muchos sectores y muchas empresas que compiten, que lo hacen con éxito, que consolidan y amplían mercados. Más de mil  empresas españolas son multinacionales con implantación fuera y más de cien mil exportan con regularidad.

Alemania, Holanda, Bélgica… exportan hasta el 50% de su PIB, España anda aún a mitad de camino, pero más cerca que nunca de los países de referencia, lo cual pone de relieve que entre lo mejor de la sociedad española están los empresarios competitivos, aunque no aparezcan destacados en las encuestas de reputación.

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