Del Prodi al Prepara y ¿ahora qué?

El problema que más agobia a los españoles es el paro, estar sin trabajo o quedarse sin él en un futuro inmediato. Y de los datos globales de paro, además de su número (récord mundial a distancia del siguiente), el más inquietante es que se ha convertido en crónico. No es un dato nuevo, el paro ha acompañado a la sociedad española durante las últimas décadas como si fuera una maldición.

Un detalle elocuente de ese carácter crónico es que desde hace unos meses el paro aumenta, menos que antes, pero aumenta, al tiempo que disminuye el número de personas que reciben el subsidio de paro. Lo cual indica que son cientos de miles las personas las que han agotado el seguro de paro para quedarse sin trabajo y sin subsidio.

Es algo que se empezó a detectar hace ya dos años, el 2009, cuando la crisis cumplía dos años. A mediados del 2007 las cifras de empleo alcanzaron su cota máxima, y desde entonces el paro no ha parado de crecer, desde 1,8 millones de parados registrados aquel verano a casi cinco millones hoy. En agosto del 2009, cuando Trabajo detectó un número apreciable, inquietante, de casos de agotamiento del subsidio, el Gobierno puso en marcha un programa contra el desempleo y por la inserción laboral (PRODI) con un subsidio de 426 euros al mes durante seis meses en favor de las personas acogidas al plan, con objeto de ayudar a subsistir y también a recuperar un empleo.

El PRODI se se prorrogó por otros dos semestres. Ha ayudado a 850.000 personas, de las cuales, según Trabajo, la mitad ha encontrado empleo. El dato preocupante es que la otra mitad, casi medio millón de personas, sigue fuera del mercado laboral.

Al PRODI le sustituyó otro programa con nombre más incisivo: PREPARA, que desarrolla programas de capacitación además del subsidio de 400 euro al mes. Casi 200.000 personas han pasado por PREPARA con resultados globales aún por concretar. El Programa está agotado desde esta semana. Y el Gobierno estudia un nuevo plan o la prórroga del anterior mientras espera esa recuperación que ha anunciado varias veces, pero que no llega.

Tanto el gobierno de Zapatero como algunos gobiernos autonómicos con competencias en materia de empleo, han reiterado que estudian el modelo alemán de aprendizaje para incorporarlo a España. Esa misma idea le costó a Felipe González la huelga general de diciembre de 1988, uno de los movimientos sociales más exitosos de la historia reciente y, probablemente, con consecuencias funestas para el empleo y la modernización.

Con otro modelo laboral, el alemán por ejemplo, las cifras de paro en España estarían a la mitad, aunque las jornadas medias fueran más cortas en muchos casos y los salarios también. Pero esas ideas del reparto del trabajo y de la estabilidad tienen mala prensa aquí y no han interesado, de verdad, ni a los sindicatos, ni a los empresarios, ni, por supuesto, al Gobierno.

España es un infierno para el empleo, y no por ser distintos a alemanes, franceses o, incluso italianos. Estos últimos, con menos crecimiento que España durante el último trienio, han mantenido el empleo mientras que aquí han desaparecido tres millones de empleos. Los datos son concluyentes, e indican la ausencia de voluntad política y de coraje para abordar este problema capital de los españoles.

El Gobierno aprobará ahora un  PREPARA 2, o algo similar, para ir tirando, en espera de algún acontecimiento milagroso.