¿Son tan malvados los de Standard and Poor’s?

El secretario del Tesoro norteamericano, Tim Geithner acusa a los de Standard&Poor’s de tener una “asombrosa falta de conocimiento” y un “criterio terrible”. Todo a cuenta de que la calificadora ha cumplido su advertencia y ha degradado el bono norteamericano (TBill). La decisión de S&P es un acontecimiento, degradar el título más comprado y negociado del mundo, la representación de la primera potencia económica y política del mundo, supone un ejercicio de autoridad y seguridad. Más aún cuando los supuestos de la agencia estaban regularmente construidos, con errores de apreciación que el Tesoro puso de manifiesto horas antes de la decisión. Pelillos a la mar, los números se recomponen pero la conclusión de los analistas de S&P es la misma: los Estados Unidos gestionan mal sus cuentas públicas, su déficit federal es enorme y no hay visos razonables de que vaya a disminuir, y las instituciones se entorpecen y complican a la hora de poner en marcha políticas correctoras. El espectáculo parlamentario hasta autorizar un nuevo techo de deuda ha sido excesivo para las tragaderas de los analistas de S&P.

Los de la agencia (ésta y las otras competidoras) forman parte de la lista corta de malvados de esta crisis, que se extiende en el tiempo y en intensidad. Su reputación está muy perjudicada porque no olieron la crisis, no tomaron medidas preventivas, calificaron mal y están entre los causantes más reconocidos. Quizá por eso ahora quieren enmendarse y se afanan en poner cara de jueces severos que no pasan una, ni siquiera a los más poderosos.

No degradar el bono USA en las actuales circunstancias puede parecer someterse a las presiones del gobierno norteamericano. Y degradarlo significa arriesgarse a una legislación federal que limite el margen de maniobra de las agencias o incluso imponga a sus socios cláusulas de responsabilidad por sus juicios, que influyen en los precios.

A favor de S&p está que su música suena bien a una buena parte del electorado y del espectro político de los Estados Unidos. Lo que sostiene la agencia es que hay que reducir el gasto, especialmente el social, y que hay que hacerlo pronto. A los del Tea Party esa melodía les gusta, de manera que los riesgos políticos para la agencia son matizados.

Además no les falta razón, el déficit norteamericano es insoportable, sobre todo si el Gobierno carece de capacidad para recaudar. La economía norteamericana puede reducir el déficit en pocos años recaudando más y gastando menos, pero para ello hace falta una autoridad política que en estos momentos no tienen ninguno de los dos partidos por si mismos, ni tampoco conjuntamente, ya que las políticas bipartidistas se construyen con dificultad, solo en el último minuto y como mal menor.

La degradación del bono norteamericano tiene sentido, quizá debía haber ocurrido antes. Al igual que la degradación del bono británico que disfruta de una AAA que no merece tras una análisis algo exigente de sus cuentas. S&P gana credibilidad degradando el TBill, aunque aumenta la lista de damnificados que van a pasar factura a los calificadores.

fgu@apmadrid.es