Bailando con lobos y de precipicio a precipicio

En Washington hubo acuerdo, el escenario de la tensión tuvo un desenlace previsible, una negociación de penúltima hora que recuerdo la decepción del consenso de la que hablaba hace doscientos años el presidente Jefferson. El sistema norteamericano más que separación de podres establece un equilibrio inestable y disuasorio entre los poderes, porque todos son poderes efectivos, pero todos tienen contrapeso, restricciones, efectivas. En Europa los modelos pretenden separar los poderes pero toleran que alguno de ellos, especialmente el ejecutivo, llegue a convertirse en insoportable.

El acuerdo de penúltima hora, que tiene que materializarse aun con un par de votaciones que anteceden a las normas, pudo haberse hecho de rogar una semana, había margen en el precipicio con el que coqueteaba el Tesoro estos días la primera economía del mundo (que es la más endeudada). Pero se va convirtiendo en hábito en las finanzas públicas internacionales “bailar con lobos” hasta última hora.

Viene ocurriendo con los planes de rescate en la zona del euro, especialmente con el griego, aunque también con los otros en curso. Y repiten experiencia los norteamericanos a cuenta de la gestión de su monumental deuda. Aumentar el techo de deuda en los Estados Unidos no ha sido noticia desde que existe esa limitación que viene de la Primera Guerra Mundial, a la que la opinión pública norteamericana no quería concurrir (no les gustaba el reñidero europeo) y para la que limitó el gasto federal poniendo límite al endeudamiento.

La batalla para ajustar y controlar las cuentas públicas tiene su espacio natural y efectivo en el Presupuesto, más que en ese techo que debería ajustarse automáticamente cada vez que la cuentas públicas asumen déficit, es decir impuestos futuros. Pero la estrategia política de desgaste, de tensión, convirtió ese trámite del “techo al endeudamiento” en una oportunidad para bailar con los lobos al borde del precipicio”.

Es el mismo caso del rescate griego que pudo haberse solventado en uno y otro sentido un año antes con menos desgaste, con menos vacilaciones y con menor merma de la confianza. Que los inversores huyan hacia los activos más seguros y que por el camino tumben las bolsas es bastante lógico, son demasiados acuerdos de última hora, demasiados bailes en el borde. Comenzar agosto con liquidez y aguardar al otoño para reclasificar las carteras parece de elemental prudencia y explica las ventas apresuradas de ayer. Bailar con lobos y salir sin arañazos no es posible. Y sigue el baile, y seguirán los zarpazos.

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